Newell’s se llevó mucho de Arroyito con muy poco

El clásico rosarino dejó una postal llena de contrastes. También de impotencia color azul y amarillo por la forma en que el partido terminó empatado en un gol. La historia y el presente se cruzaron en el Gigante. Central, que en la previa pintaba con cierta esperanza de revertir su mala racha futbolística, ratificó que todavía dista mucho para consolidarse como un equipo confiable. Mientras que la Lepra, que estaba para un nuevo nocaut con pronóstico irreversible para sus fieles, sacó de la galera una aparición zorrina de Martín Cóccaro, que terminó evitando el caos en el Parque de la Independencia. Con poco y nada, el rojinegro se llevó mucho de Arroyito.

Otra vez la imagen canalla fue la de un equipo que, más allá de tener momentos de control y alguna que otra jugada de peligro, sigue mostrando fragilidad. Sea en su estructura como en la toma de decisiones.

A eso hay que sumarle que carece de peso ofensivo porque no tiene un 9 acorde a lo que necesita el club.

Es cierto que fue más que su rival durante gran parte del encuentro. Y no precisamente porque lo iba ganando con un golazo de Gastón Ávila antes de ir al descanso. Aunque tampoco es muy meritorio si te tiene en cuenta cómo jugó la Lepra este desafío en líneas generales.

Para Central, este punto ante Newell’s quedó opacado. Fue como un castigo si se analiza lo hecho en este encuentro. También es verdad que Almirón y su tropa siguen sin encontrar esa chispa que le permita dejar atrás los fantasmas del pasado reciente.

En cambio, el rojinegro terminó con la cabeza en alto. Resurgió en el momento justo, gracias a ese gol de Matías Cóccaro en el minuto 95. Con poco, pero con valor por bajar la guardia mientras estaba contra las cuerdas, se llevó un gran punto de Arroyito. Claro que más allá de las dudas exhibidas en cada una de las líneas, es verdad que no perder otra vez con el eterno rival como venía siendo habitual, representa algo de esperanza a futuro.

La Lepra sacó agua de las piedras. Logró lo que parecía imposible: robarle un triunfo a un Central. La suerte le sonrió como pocas veces sucedió en esta historia de los clásicos. Fue en el último minuto, pero eso no interesa porque lo que vale y cuenta en cómo terminó la historia.

Lo que es evidente es que el encuentro sirvió, además, para ratificar que el entrenador Jorge Almirón continúa en una etapa de desgaste. Su gestión en Arroyito, marcada por altibajos y decisiones discutibles, parece estar llegando a un punto de inflexión.

La expectativa era otra. Al menos es lo que esperaba la gente que copó el Gigante. Todos esperaban ver a un equipo que mostrara ese carácter que el clásico siempre exige. Pero en su lugar se vio a un Central que sigue en baja, con dudas en todas sus líneas realmente.

A ese combo hay que sumarle que la presencia de Marco Ruben en cancha es como una plena jubilación de privilegio. El 9 simboliza esa etapa de transición que, en muchos sentidos, parece haberse quedado en el tiempo. Demostró que ya no tiene la movilidad necesaria para afrontar los desafíos actuales. Pero sigue siendo bancado por la directiva y cuerpo técnico.

En contraste, Newell’s terminó prácticamente dejando en modo zombi a los canallas. Con poco y nada realmente. Porque exhibió un estilo de juego limitado e irregular. Eso sí, demostró que es un equipo que, con muy poco, puede sorprender. Se llevó mucho más de Arroyito que el punto. Evitó la derrota de manera sorprendente y hasta milagrosa. Y eso es lo que cuenta y todos los leprosos rescatan: no se perdió ante el rival de la ciudad y cortó una hegemonía de victorias canallas.

Sin embargo, este partido también marcó que tuvo altibajos y pasajes de incertidumbre. Además expuso las miserias que acarrean ambos. Sin dudas, el clásico fue más que un resultado y empate en un gol. Fue un reflejo de las realidades que viven. Aunque en esta ocasión, el rojinegro se fue de Arroyito mejor parado con poco y nada de juego.

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