La trascendencia del deporte como política de transformación social encuentra en los últimos años una evidencia en Rosario y Santa Fe, donde las diferentes gestiones comprendieron que hoy constituye una adecuada herramienta de abordaje social.
Esto no es un dato menor porque la utilización ocasional del deporte con fines políticos fue un vicio de muchos gobiernos, y hay una historia escrita al respecto vinculada a diversos eventos deportivos de élite.
Argentina fue ejemplo de esta deleznable manipulación en el Mundial de Fútbol en 1978, cuando la dictadura se propuso usar el torneo para propagar una falsa imagen del país.
También es cierto que los gobiernos democráticos en su mayoría tampoco establecieron políticas de Estado para potenciar el desarrollo deportivo como un aspecto de inclusión.
Ni siquiera lo hicieron para acompañar el crecimiento deportivo de los atletas federados, quienes vivieron, y viven, una constante: la indiferencia de los sucesivos gobiernos.
Todo respondió a la ignorancia política sobre la importancia que adquirió el deporte en las últimas décadas como herramienta de abordaje a las problemáticas sociales.
Es tanto el desconocimiento, que al deporte lo ubicaban como algo menor, irrelevante en la gestión, por lo que le bajaban el precio a la estructura y los cargos eran repartidos por canjes políticos.
Pero las crisis económicas profundizaron la vulnerabilidad de un vasto sector y se fueron diluyendo hasta las normas esenciales de convivencia. Y es allí donde hoy el deporte juega un rol determinante.
Son muchos los sociólogos que afirman que “la primera experiencia de un chico con pautas a respetar es cuando va a un predio público o club para practicar un deporte. Ahí entiende que para jugar y compartir debe respetar reglas”.
“Es por esto que hoy el deporte se convirtió en la mejor estrategia para llegar a las diversas problemáticas intrafamiliar, algo que antes se realizaba por otras áreas”, añaden los especialistas.
En Rosario esto fue sucediendo con la organización de eventos deportivos, sustentado en la base piramidal del deporte comunitario en polideportivos y clubes, y proyectado al federado con las diferentes asociaciones y federaciones.
Desde los Juegos de Playa 2019 se fueron sucediendo eventos deportivos que fortalecieron el entramado social. Ampliaron la comunidad deportiva. Potenciaron las posibilidades de cada vez más chicos y jóvenes. Y dotaron a la sociedad de una mayor y moderna infraestructura deportiva.
Los Juegos Crear, Jadar, Suramericanos y los Panamericanos son la consecuencia lógica de un posicionamiento logrado a nivel nacional e internacional por la continuidad de una política de Estado, que atravesó a diferentes gestiones de distintos sectores, y aquí radica el mayor mérito. Más en tiempo de mezquindad y grieta.
El deporte es una cosa seria. No se trata de una subespecie ni de una cuestión política irrelevante. El deporte es un recurso inagotable para lograr grandes transformaciones sociales. Solo se trata de entenderlo para desarrollarlo.
