MBAPPÉ Y VINÍCIUS: LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA GENIALIDAD Y LA SOBERBIA

Tienen un talento polarizante. También son de las luces más brillantes del fútbol europeo moderno. Kylian Mbappé y Vinícius Júnior están jugando el Mundial a gran escala. Los compañeros en Real Madrid tienen una velocidad y técnica envidiables. Pero hay algo más que destaca a los delanteros de Francia y Brasil. Comparten una actitud que los alejan del grueso de los hinchas. Exhiben de manera constante ciertas actitudes de soberbia, que no hacen más que certificar el porqué jamás lograrán eclipsar a todos los futboleros del planeta. Encima, cuando pueden, buscan victimizarse por una falta o gesto de un rival. A este combo hay que sumarle que ambos saben en su interior que vivirán bajo la eterna sombra de nuestro Leo Messi, pase lo que pase en esta Copa del Mundo.

Nadie pone en tela de juicio que son de los jugadores más determinantes de esta generación. Pero tampoco que conviven entre la delgada línea entre la genialidad y la soberbia.

Hay un existir y sentir generalizado en las tribunas del Mundial. Y es que tanto Kylian Mbappé y Vinícius Júnior parecen estar cortados por la misma tijera. Claro que son dos personajes que refleja ese cambio de paradigma en el deporte más pasional y popular del mundo, donde la espectacularidad con la pelota bajo la suela o simulando una falta colisiona de lleno con los códigos históricos del potrero y del vestuario tradicional.

Se percibe que los dos forma parte del arte de «sobrar». Y cuando el festejo se vuelve provocación, se genera violencia, que no se manifiesta de manera directa en muchas ocasiones.

Ya pocos respetan de raíz ese juego que se aprende en las inferiores y esa regla no escrita pero sagrada como la que al rival se lo respeta. Especialmente cuando el partido terminó. La actitud de Mbappé tras el agónico triunfo ante Paraguay mostró la miseria del francés al no saludar a varios rivales, quienes le extendieron su mano al verlo. Ese gesto también muestra quién es realmente el delantero galo.

Figuras como Mbappé y Vinícius tienen una enorme capacidad de hacer goles o tirar lujos en cancha. También se percibe que cuando el partido está a su favor, el repertorio de ambos se tiñe de cierta soberbia.

No en vano Vinícius Jr. viene siendo el centro de diversos debates de este tipo durante años. Sus particulares bailes, sus sonrisas irónicas y su tendencia a hablarle a la gente de las tribunas cuando el marcador acompaña son recurrentes y una clara falta de respeto al código del jugador.

 Kylian Mbappé, por su parte, arrastra desde su etapa en el PSG una imagen de «dueño del equipo». Le gusta manejarse como patrón de estancia. Tiene gestos de displicencia hacia sus propios compañeros si no le pasan la pelota y actitudes desafiantes frente a hinchadas contrarias. Los antecedentes lo avalan.

Este Mundial tiene a estos grandes personajes bajo la lupa. Se habla de ellos más por lo que generan con actitudes que por la creatividad técnica tienen con la pelota, esa misma que los salvó de la pobreza y catapultó a la fama.

También hay que dejar sentado que son de los jugadores que más faltas reciben en el mundo. Su estilo de juego explosivo y de amague corto obliga a los defensores a ir al límite. Sin embargo, lo que exaspera a todos es la teatralidad del reclamo.

Las comparaciones siempre son odiosas. O no para muchos. Pero el contraste es evidente. Las leyendas de décadas pasadas, e incluso contemporáneos como Leo Messi, forjaron su idolatría en la resiliencia física. Ellos siempre recibieron o reciben como nuestro capitán argentino patadas y faltas graves, pero se levantan en el grueso de los casos en silencio y optan por seguir jugando como manda la ley del fútbol.

Claro que para Mbappé y Vinícius estos actos son como exponentes de una era donde el reclamo airado al árbitro, la exageración de la caída y la gesticulación constante son parte de su rutina de partido.

También es verdad que hay separar los ataques racistas que sufrió el moreno brasileño en distintos estadios. La condena a esos actos debe ser total, al margen de si su estilo de juego gusta o no.

Muchos argumentan que el fútbol es otra cosa. Y en parte es así.  Por eso el hincha valora sin concesiones el sacrificio, la humildad y el sentido de pertenencia. Está claro que el fútbol es un deporte de contacto y colectivo, donde la figura debe estar al servicio del equipo. Y no al revés como perciben en muchos partidos con estos dos protagonistas mundiales.

Mbappé y Vinícius son parecidos. Son productos del fútbol hiper-comercializado. Son jugadores que parecen atender su propio partido en cada presentación. Por eso no se ganarán jamás el corazón de la mayoría de los hinchas.

El talento que tienen es tan indiscutible como sus vitrinas llenas de trofeos. Pero a la vez se sabe que el respeto y el cariño del mundo del fútbol son “trofeos” que, con estas actitudes, les costará mucho más levantar algún día, si es que realmente les interesa hacerlo. Hasta ahora demuestran todo lo contrario.

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