Central decidió ponerle punto final al vínculo de Jorge Broun. Los motivos no fueron comunicados. Tampoco son claros si se lo analiza desde lo deportivo. Hay muchas versiones. También pocos argumentos. Lo concreto es que el club optó por desprenderse de un referente positivo con la suavidad de un martillo neumático en medio del bullicio futbolero por el Mundial. Mientras tanto, hay una realidad inquebrantable. Fatu no solo se erigió en un símbolo del canalla por sus logros en cancha y lealtad en todo momento a los colores que lleva en el corazón. También cuenta con una estadística que lo sitúa en el selecto podio de los gigantes del arco auriazul.
Broun, ese mismo arquero que conquistó dos campeonatos y los corazones canallas, no se equivocó. Pero pagó. Lo hizo sin chistar. Aceptó la decisión dirigencial con la misma dignidad que transita el día a día.
Es verdad que nada podrá borrar su huella por el club con la indiferencia de un cajero que termina la jornada sin cambiarse de ropa. Su baja dejó enseguida un sabor amargo en los hinchas, quienes no esperaban este impensado fin de ciclo en Arroyito. Sobre todo por sus respuestas cada vez que estuvo en cancha.
Central ya no es ese refugio seguro para uno de sus genuinos ídolos. Algunas versiones marcan que Fatura se fue de su casa por, aparentemente, una declaración de su representante en un medio de La Plata. Desde lo racional tiene poco argumento si fue este motivo debido a que cada persona puede expresarse, siempre con respeto, libremente.
En este país, y en algunos trabajos también, aún hay libertad. Sobre todo de expresión.
Broun construyó con trabajo y atajadas un culto a la profesionalidad en Central. Sea cuando arrancó su carrera o en el momento que volvió. Por algo Miguel Russo lo tenía como uno de sus intocables. Ni hablar de lo que representó para Diego Maradona. El 10 lo llamó y se lo llevó a Gimnasia cuando era el entrenador. Era su arquero. Nada es casual.
Otro dato que lo enaltece es que siempre estuvo predispuesto a dar la cara. Sobre todo en tiempos turbulentos, o cuando la delegación llegaba a un estadio. Fatu respetó siempre al hincha. Por eso lo eligieron como uno de los jugadores más queridos de los últimos tiempos.
¿Y qué decir del entrenador Jorge Almirón en este caso? Desde su supuesta sabiduría está claro que prefiere a Jeremías Ledesma. Claro que la apuesta por Conan, que llegó con un currículum que parece más de cartón que de realidad, revela la “visión moderna del DT”, pese a que tampoco podrá borrar el legado de Broun. Mientras tanto, el técnico sigue en su silla, pero de manera eléctrica porque sabe que ni obteniendo el máximo certamen continental revertirá su relación con la gente.
La comunidad canalla no esperaba este final. Se encontró con la noticia y desde entonces mastica impotencia. Claro, los canallas saben también que hay decisiones puntuales que son fuertes y sacuden las estanterías emocionales sin medir el termómetro del grado sentimental.
La dirigencia está para conducir. Se podrá o no compartir la postura y determinación de cortar el contrato con uno de los jugadores más representativos de la modernidad auriazul. No hay vueltas atrás. Ahora hay que mirar hacia adelante y construir un futuro cercano. Y sin errores deportivos.
Fatu no solo es un símbolo del canalla por sus logros y lealtad. También grabó a fuego una estadística que lo sitúa en el selecto club de los gigantes del arco auriazul: con 279 partidos, estaba a tan solo cinco de igualar el récord de Edgardo «Gato» Andrada. No lo dejaron. El DT Almirón, sobre todo.
En el palo del fútbol está claro que la historia personal no siempre se interpone. Muchas veces los contratos se cortan de manera sorpresiva y sin anestesia. Como también hay casos inexplicables desde lo competitivo como el pasivo retorno de Marco Ruben. Los verdaderos ídolos no se venden ni se alquilan. Por eso es que la baja de Broun, quien no esperaba emigrar en esta época, no debe ser vista solo como un acto administrativo. Es una baja sensible de un emblema del club.
