Otra vez hizo de las suyas. Rodrigo De Paul parece haber encontrado la fórmula para hacerse notar desde otro ángulo en el fútbol. El mediocampista se mostró en esta ocasión frente al goleador polaco Robert Lewandowski destilando vehemencia. también con un toque de drama y esa necesidad insaciable de aparecer en cámara como sea, incluso a costa de su propia credibilidad. No es una gran estrella del deporte más popular. No obstante, el volante tiene la imperiosa necesidad de querer brillar.
No importa si sus jugadas no dejan huella o sirven para que Inter Miami sume una victoria. Lo que realmente parece interesarle es que en cada roce, en cada disputa, Rodrigo De Paul quiere o le urge parecerse a la estrella de la escena.
Lo del volante argentino es para el diván. Es como aquel amigo que, ante la mínima chance y cualquier ocasión, alza la mano y grita “¡Acá estoy!”, aunque no tenga mucho que mostrar.
Es innegable el aporte de Rodrigo en su momento a la selección. Por eso forjó además una gran relación con Leo Messi. Incluso ya son como ese dúo que parece sacado de un reality show. Uno es el genio del fútbol. El ícono mundial.
Mientras que el otro es la sombra que nunca pierde oportunidad para estar pegado a su lado, ya sea cebándole mates en la cancha o acompañándolo en cada paso. La imagen del segundo en la fila, siempre dispuesto a dejarse ver, parece más un intento de ganar protagonismo que una genuina amistad.
Pero lo que se destaca en esta oportunidad es su última aparición en el ring, esa especie de show de televisión en vivo, donde De Paul decidió que la mejor manera de defender su honor era entrar en una trifulca y lanzar dos empujones a Robert Lewandowski. Sí, al mismísimo goleador polaco que, a diferencia del argentino, sí tiene un palmarés que da envidia.
La frase que soltó días atrás el mediocampista fue la típica de quien busca justificar su escaso brillo con un golpe de autoridad. Rodrigo lanzó como guapo: “¿Quién sos, bobo? Gané dos Copas América y una Copa del Mundo, ¿Vos?”. Una actitud lamentable, por cierto.
La respuesta a esa consulta es evidente. Lewandowski ganó más en su carrera que De Paul en toda su vida futbolística. Pero claro, en el “maravilloso mundo” de De Paul, la fama y los títulos parecen ser solo un detalle menor.
Mientras el polaco acumula Champions, Ligas, Copas y premios individuales que parecen sacados de un museo, De Paul se luce con su carácter vehemente y su necesidad de hacerse notar. Es como el niño que grita más fuerte en la escuela para llamar la atención, aunque en realidad no tenga mucho que decir.
Rodrigo logró convertirse en un personaje especial. Raro en realidad. En su afán de protagonismo termina dejando en evidencia que, quizás, solo busca un poco más de atención. Será que apunta a que su nombre no se quede en el olvido el día de mañana.
