La canción, incluida en el álbum “Pasito a pasito con…Gilda” (1994), está inspirada en una relación clandestina, un amor intenso y secreto que vivió la cantante, y por el cual no se arrepentía a pesar de las dificultades.
La canción nació de un vínculo secreto, un amor «imposible» o prohibido que Gilda mantuvo en silencio mientras su carrera despegaba. Antes de ser Gilda, Miriam Alejandra Bianchi era maestra jardinera que se separó de su marido para dedicarse a la música, encontrando en este amor un motor para su arte y su camino, a pesar de los sacrificios.
Aunque la canción se interpreta a menudo como un himno al amor universal, su origen está ligado a un desengaño amoroso de su vida, donde ella reafirma que valió la pena amar, incluso con dolor.
La madrugada del 7 de septiembre de 1996, luego de dar un show en vivo que se transmitió nacionalmente por Crónica TV, Gilda junto a sus hijos Fabrizio, de ocho años, y Mariel, de seis, su madre Doña Tita, y los miembros de su banda parten rumbo Chajarí, Entre Ríos, para brindar otro show. A la altura del kilómetro 129 de la Ruta 12, en la provincia de Entre Ríos, el micro que los trasladaba impactó de frente contra un camión. En el trágico accidente fallecieron, además de Gilda, su madre, su hija Mariel, tres músicos de su banda y el chofer del micro.
En el lugar del accidente se erigió el «Altar de Gilda», un santuario que se convirtió en un sitio de peregrinación y veneración donde sus devotos dejan flores, fotos y ofrendas, y se le atribuyen milagros, consolidando su estatus de santa popular.

