LA REPÚBLICA IMPREVISIBLE

Un año en la Argentina equivale a 10 en Suiza solían decir para graficar la imprevisibilidad política del país. Y aunque el gobierno de Javier Milei centró su obsesión en la organización de la macroeconomía, lo cierto es que hasta ahora la teoría del derrame lo único que derrama es incertidumbre.

Porque más allá de los redundantes análisis económicos, de la trascendencia de bajar y controlar la inflación, de la importancia de reducir el déficit fiscal, etcétera y etcétera, no es necesario ser especialista para deducir que sin poder adquisitivo no hay consumo y sin consumo no hay producción, y sin producción hay desempleo.

Entonces esa incertidumbre comienza a socavar los cimientos del deseo de un futuro distinto tras los pasados de frustración. Porque pagar hoy con mucho sacrificio las fiestas de ayer, a las cuales la mayoría no fue invitada, tampoco resuelve la crisis.

Existe ya una marcada tendencia en la sociedad argentina a no vincular la solución de la situación socioeconómica con los políticos. Es más, creen que son parte del problema. Y es en este escenario donde se observa la imposibilidad de la clase política de resolver la incertidumbre.

Porque mientras se enfrentan para intentar demostrar cuál fue peor en gestionar, en defraudar, en corromper y en malversar, ninguno de los sectores políticos logra construir una opción que rompa con el escepticismo social cada vez más blindado. Porque juegan para la grieta. Para la tribuna. Es decir buscan retroalimentar el fanatismo.

El Peronismo dividido sin autocrítica ni renovación; La Libertad Avanza perdida en su propio laberinto; el PRO que dejó de ser; y el Radicalismo que fragmentado perdió su identidad, hacen que ninguno pueda resolver la incertidumbre. Porque ellos son parte de la misma.

Hasta la quimera de algo nuevo por fuera de las estructuras partidarias tradicionales constituye una alternativa, porque esa opción ya fue utilizada por los libertarios, con idéntico resultado a lo ya elegido.

¿Seguirá la Argentina siendo un país imprevisible?

¿La incertidumbre política y económica podrá disiparse en pos de un proyecto de crecimiento?

¿La clase política será capaz de construir una realidad diferente a la nefasta grieta?

Si estas preguntas no encuentran respuestas favorables para la sociedad, un año en Argentina serán muchos más de 10 en Suiza. Y no solo en Suiza.

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