La canción, incluida en el álbum “Despedazado Por Mil Partes” (1996), está inspirada en una experiencia real del cantante, Gustavo «Chizzo» Napoli.
La canción nació en Homero y Garzón, una esquina del barrio de Mataderos, Buenos Aires, a finales de los 80, donde Chizzo y sus amigos se reunían a tocar. Allí, él se encontró con el diablo y la muerte, una metáfora de las tentaciones de la droga y el alcohol, y esa noche de invierno dio forma a la balada.
La letra cuenta una historia simbólica sobre la vida, las decisiones, las tentaciones y el destino, con un estilo de cuento místico. Narra un encuentro simbólico en una esquina, un lugar de cruces, donde el protagonista se topa con el Diablo y la Muerte. Este encuentro representa el diálogo interno que todos tenemos sobre nuestras elecciones.
La canción sugiere que el ser humano puede ser más temible que estas figuras míticas, y que la verdadera amenaza reside en las acciones tomadas y la corrupción de valores como la esperanza y la redención.
A pesar de la oscuridad, la canción culmina en un giro donde el protagonista entabla una charla amistosa con el Diablo y la Muerte, lo que podría interpretarse como una aceptación de la propia mortalidad y la convivencia con los «demonios» internos.
Más allá de ser una canción con una inspiración muy concreta, su mensaje sobre la lucha interna y la elección se volvió un clásico del rock nacional argentino.

