CRÉDITO HIPOTECARIO UVA: PENSALO DOS VECES

Días atrás, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció una nueva línea de préstamos hipotecarios ajustados por UVA. Esta propuesta será financiada por las entidades bancarias con el fondeo del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de ANSES. Las condiciones establecen un plazo mínimo de 15 años y una tasa de interés que no superará el 7,5% anual.

Frente a la clásica pregunta de si conviene un crédito de este tipo, la respuesta tradicional suele ser afirmativa: en lugar de pagar un alquiler, estás invirtiendo en una propiedad que al final del camino será tuya. Sin embargo, la clave está en entender cómo opera el mecanismo de ajuste.

¿Qué es la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA)?

La UVA es una unidad de medida que se actualiza a diario según el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), el cual refleja la evolución de la inflación. Al solicitar el préstamo, no se toma una deuda en pesos, sino en una determinada cantidad de UVAs.

Por ejemplo, con una UVA cotizando a $2.103,31 según datos del Banco Central (al 3 de setiembre del corriente año), un crédito equivalente a un millón de pesos representaría una deuda de 475,44 UVAs. Con el correr de los días, la deuda se reajusta: si en el primer mes la inflación es del 1,5%, el valor de cada UVA subirá a $2.134, y tanto el capital adeudado como la cuota mensual aumentarán en la misma proporción.

¿Por qué puede volverse impagable?

El riesgo de este esquema surge cuando los ingresos familiares no crecen al mismo ritmo que la inflación. La historia económica argentina nos ha dejado amargas lecciones, desde la recordada Circular 1050 en los años ochenta hasta la experiencia reciente de 2016-2017, cuando el valor de la UVA aumentó casi al doble del ritmo de los salarios. Cuando esa brecha se agranda, la cuota insume una porción cada vez mayor del presupuesto del hogar.

Recordemos, la famosa frase argentina los precios (inflación) suben por el ascensor y los salarios por la escalera.

La recomendación: esperar

En el escenario actual, lo más prudente es aguardar a que la economía muestre signos claros de estabilización —con inflación a la baja, dólar calmo y pleno empleo— antes de tomar un compromiso financiero de tan largo plazo. Mientras tanto, convendrá esperar a que surjan opciones a tasa fija o esquemas donde la deuda se actualice en función del coeficiente de variación salarial. Tomar una hipoteca a 15 o 20 años requiere certidumbre. Hoy, lo más sensato es mantener la cautela y esperar. Pensalo muy bien: a veces, saber esperar es la mejor decisión financiera.

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