DOLOR Y ORGULLO POR LEO Y LA SELECCIÓN

Un final de película que duele. También que deja una huella imborrable en el corazón de una patria entera. La selección argentina, que hasta hace apenas unos días parecía invencible, no pudo retener la gloria que conquistó en Qatar. La derrota por 1 a 0 ante España en la final de la Copa del Mundo en suelo estadounidense dejó a millones de argentinos con un sabor agridulce. Y con un profundo orgullo. No fue el partido esperado. No obstante, nada podrá eclipsar que la Scaloneta se erigió en el mejor de la historia argentina de la mano de nuestro Leo Messi, el mismo 10 que quedará en los eternos laureles como el gran capitán.

La realidad marca que fue uno de los partidos más difíciles del torneo para la albiceleste. También el peor jugado.

La selección de Scaloni, que en otras ocasiones nos había regalado remontadas épicas y momentos de pasión, cerró un Mundial brillante, pese a que nos quedamos sin vuelta olímpica.

La tristeza por no haber podido coronar esta aventura con la tan ansiada cuarta estrella es inmensa. Sin embargo, esa misma desazón se mezcla con un reconocimiento unánime: este grupo, se erigió en un gran símbolo de lucha y de amor por la camiseta. Ellos defendieron los colores patrios como ningún político lo viene haciendo en las últimas décadas.

Este es un sólido conjunto de gladiadores. Claro que la figura de nuestro Leo Messi brillará siempre con luz propia. La imagen en su despedida, de esa última aparición con la selección en un Mundial, se convirtió en un momento histórico para la humanidad cuando quedó como granadero mirando a la hinchada argentina juntos a sus compañeros y llorando. De dolor. De Impotencia. Vaya a saber qué pasaría realmente por su mente en este instante.

El sello de Messi en esta Copa, y en toda su carrera con la celeste y blanca, ya es eterno. Y glorioso. Nuestro capitán es un ícono que trasciende el deporte. Un símbolo de pasión y hasta resiliencia porque no hay que olvidarse cuando en 2011 los propios argentinos lo insultaron en cancha de Colón en plena Copa América.

El combo nocivo lo completan algunos medios y periodistas, claro está. Esos mismos que después festejaron todos los títulos que fueron llegando de la mágica zurda del 10.

Este grupo de jugadores, que en pocos años lograron lo que parecía inalcanzable, quedó inmortalizado en los corazones de la gente. No solo por los títulos conquistados en este último lustro, sino también por las muchas historias de no claudicar ante la adversidad.

La bandera argentina ondeó con orgullo en cada partido. La entrega de la Scaloneta fue un ejemplo de amor por la camiseta y por un país que siempre sufre primero para luego poder gozar.

El dolor por la final perdida es profundo. Ver a Leo Messi llorando y luciendo la medalla de plata sobre su pecho fue una imagen que resumió el sentimiento nacional.

Argentina llora, sí. Por la derrota. Por Leo. Pero también debe celebrar. Porque en cada lágrima hay un recuerdo. Un motivo para seguir creyendo en que, con esta camiseta, siempre hay esperanza. Sin dudas, toda argentina siente tanto dolor como orgullo. Sea por Messi como la propia selección. La eterna Scaloneta.

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