AHORA EL RETO ES APRENDER DE LA SELECCIÓN PARA HACER UN PAÍS MEJOR

¿La Argentina podrá desde hoy acordar un plan de desarrollo para que el conjunto pueda nutrirse de las virtudes individuales?

¿Podrá el país producir la renovación de los representantes para conformar un proceso que depare mejores resultados sociales y económicos?

¿La sociedad podrá unirse en pos del interés común más allá de los matices?

¿Se comprenderá que el mejor legado va más allá de una victoria o derrota, porque lo que cuenta es el proceso de transformación?

¿Argentina dejará ese empecinamiento de confrontar en la mezquindad para unirse en la vocación y sacrificio que imponen la solidaridad?

¿Será esta la ocasión para capitalizar la enorme enseñanza que dejó la selección albiceleste?

El equipo nacional edificó un proyecto desde 2018 que fue determinante para alcanzar un funcionamiento y desarrollarlo en el tiempo.

Un proyecto pensado, debatido y acordado con cambios profundos y continuidades indispensables.

Cualidades individuales sincronizadas para construir un conjunto homogéneo. Sin fisuras ni grietas. Fortaleciendo el orgullo argentino.

La selección exhibió una realidad sustentada en el esfuerzo, entrega, capacidad, generosidad y enorme cohesión grupal.

Un abanico de virtudes argentinas puesto al servicio del interés común del fútbol nacional.

Y si algo quedó como legado es que no necesariamente hay que ganar un Mundial para celebrar el orgullo de pertenecer.

La selección jugó un Mundial con el corazón en la mano. Y cosechó el reconocimiento y la gratitud de la gente.

Ahora solo se trata de comprobar si entre todos se puede conseguir el más difícil de los desafíos: un país más justo.

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