El gobierno vive en una encrucijada desfavorable permanente a tres bandas: 1) se mete en líos como el de Brasil, que no le traen ningún beneficio local; 2) está obligado a lograr exigentes pautas fiscales con el FMI y para que los mercados financieros no desconfíen, lo cual, a esta altura, tampoco trae ventajas vernáculas; y 3) cuando toma decisiones “para la gente”, no las puede vender mucho para no parecer “populista”. Es muy difícil gobernar sin lo “lindo de dar buenas noticias”, diría Fernando de la Rúa.
¿Tiene buenas noticias para dar, además de las inversiones que facilita el RIGI y el boom de exportaciones? Esta semana tuvo dos, pero casi que las tuvo que esconder, aunque algunos medios lo quisieron ayudar a instalarlas. Una fue el incremento de los subsidios para el transporte en el AMBA -la peor zona electoral para LLA- de modo de evitar un impacto mayor sobre el bolsillo de los ciudadanos de a pie. La otra es que retrasó, una vez más, el incremento del impuesto a los combustibles, para demorar el impacto inflacionario. Esta es su versión ortodoxa del “Plan Platita” (¡vade retro, Satanás!). Un poquito de populismo nunca viene mal.
Pero ¿eso no lo haría mostrarse contradictorio? En todos los gobiernos se producen contradicciones flagrantes y la mayoría social las dispensa o no según los resultados. El famoso “el turco dijo una cosa en campaña e hizo otra” pinta bien la regla. Los votantes pragmáticos son el fiel de la balanza. No sé a quién se le ocurrió el slogan “coherencia por favor”, cuando los seres humanos somos contradicciones caminando. Por consiguiente, vender una “para la gente” mostrando conciencia de la situación, empatía, no tiene nada de malo. Pero no, el Javo disfruta de mostrar nitidez, justo en una materia tan volátil y compleja como la opinión pública. “Morir con las botas puestas” solo le sirve al fabricante de botas…

Al ser una administración que no luce con energía, sino más bien reactiva, el estado de la opinión pública permanece estancado. Este mes el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella mostró una leve mejora, luego de una caída fuerte en septiembre. En los últimos 12 meses tuvo 4 ascensos y 8 descensos. El índice está 7 % por debajo del mismo mes del año pasado, cuando ganó la elección de medio término, y un 21 % de caída respecto a fin de 2025. Es decir, su triunfo en las urnas y su mucho mayor poder parlamentario no le permitieron consolidarse, sino lo contrario. Y aquí se potencia el círculo vicioso: debilidad en las encuestas por recesión percibida genera temores en los mercados, los cuales toman decisiones que no ayudan a crear optimismo; eso asusta a los dialoguistas que se retraen, se dificulta al oficialismo en el Congreso y vuelta a empezar.
Hasta el FMI le sugiere medidas que reanimen la actividad, al mismo tiempo que dio por aprobada la tercera revisión del programa. Se lo dice, no porque el organismo sea socialmente sensible, sino porque, sin reactivación, no mejora la recaudación, obliga a un ajuste más fuerte, lo cual debilita políticamente al gobierno con vistas a 2027. El “austericidio” está trayendo muchos dolores de cabeza a los gobiernos europeos en estas semanas.
Frente a esto, el gobierno no se queda de brazos cruzados, pero oscila y se traba. Por ejemplo, Macri confirmó públicamente que no hay avances en las conversaciones electorales entre el PRO y LLA, como ya lo contamos en esta columna hace dos semanas (“Y los outsiders?”). Al mismo tiempo abrió la caramelera para los proyectos de aliados para endulzarlos de cara a la demorada reforma electoral. Por ejemplo, esta semana pasada se aprobó un nuevo régimen de promoción de inversiones que motorizó el radicalismo. Logró 60 votos contra 2, ¡una verdadera política de Estado! Si le pusiera un poco de onda, quizá también podría hacer aprobar el presupuesto (que también se trabó). En el proyecto Malvinas, bajó dos cambios y escuchó las “sugerencias” del amigo americano.
Obligados por el sorpresivo triunfo de Lula y la “tocata en fuga” de Bolsonaro, tuvimos que virar la mirada hacia el norte. No tiene mucho sentido extrapolar la situación de Brasil a la Argentina de dentro de 13 meses, si hubiese segunda vuelta. El peronismo se entusiasma tanto, que hasta empezó a copiar algunas de sus estrategias digitales. Sin embargo, el PT tiene hoy una disciplina territorial que ya no luce el movimiento de Perón. Tampoco existe un líder indiscutido como el ex obrero metalúrgico, y primero debe contarle al mundo que no haría locuras macroeconómicas en caso de llegar al poder. Es más, el presidente reelecto de Brasil ha sido criticado por hacer bien los deberes desde el punto de vista ortodoxo. En cambio, el kirchnerismo debe explicar por qué no volverá a niveles de inflación estratosféricos.
Sí es muy interesante que una elección que se daba por perdida, se dio vuelta con tesón y profesionalismo en solo 3 semanas, y que la variable participación fue clave. Massa ya lo logró en 2023, entre las primarias y la general, con el miedo a Milei y una campaña bien calibrada, logró pasar del 27 al 37 %, a solo tres puntos de un triunfo en primera vuelta, capturando a la mayoría de los que se habían quedado en casa en las PASO. No se deben hacer pronósticos apresurados, ya que la última milla cuenta más que nunca en la historia.
Argentina está en otra etapa: estamos en la fase de la diferenciación con los liderazgos mayores para promocionar mejor en la opinión pública (mal momento para las jefaturas). Hada Patricia ya lo convirtió en un deporte cotidiano. Y ahora Axel dijo que no al dedo (obvio de Cris). Mostrar los dientes le hace bien, ya que al final los electores votan liderazgos, si van acompañados de prestigio, mejor. Cualquier cosa menos ser Alberto o de la Rúa.
Las huidas políticas deben ampararse en un evidente hecho ilegítimo para convertir a un líder en un mártir, lo cual no ocurrió en Brasil. Flavio Bolsonaro, en cambio, decidió cantar “Band on the run”, viejo hit de Paul McCartney.
