El presidente viajó a España, pero habló como si no se hubiera movido de Argentina. Con un ojo puesto en Madrid y el otro en Buenos Aires, disparó contra el presidente y el periodismo del país que lo recibía. Una ráfaga de frases, como con ametralladora.
Estuvo en un desayuno de empresarios, en un foro de Madrid, y todo el mundo supo inmediatamente que cada frase estaba pensada para el aplauso de «su» gente y para el recorte que iba a circular en las redes de este lado del océano. Los españoles eran el decorado. Él hablaba desde Madrid, pero para Argentina, y con el tono de quien está en un acto propio, rodeado de los suyos, donde todo vale. Pero no estaba en su casa.
Con el otro ojo, la ráfaga. Va a un país que lo recibe, que le abre la puerta, que lo deja hablar, y en la casa ajena trata al presidente de “impresentable dictador” y pide que lo echen a patadas en las elecciones de noviembre. Cualquiera de nosotros sabe cómo funciona esto: si te invitan a una casa, no entrás a decirle al dueño cómo tiene que votar. Y menos a insultarlo. La cancillería española respondió que no acepta injerencias ni insultos, y es lo que haría cualquier país, de cualquier signo político.
Cuando el presidente señala, otros repiten, y eso baja a la calle, donde están los que trabajan con un micrófono.
Todo esto tiene un costo, y no lo paga solamente él. Cada vez que se arma un escándalo afuera, la Argentina queda en la mirilla del mundo, y lo que se ve habla más de un presidente que de un pueblo. Y el pueblo argentino es otra cosa: laburante, solidario, con historia y con lazos fuertes con España. En Rosario y en Santa Fe sobran apellidos que vinieron de allá. Nadie nos pidió que nos peleáramos con nadie.
Representar a un país es otra cosa: es apuntar con cuidado, no disparar a todo lo que se mueve. Se puede defender cualquier idea sin insultar a quien te abre la puerta, sin hacer campaña en casa ajena y sin señalar a quien hace su trabajo. Afuera no hay cancha propia: cuando un presidente habla en el exterior, habla por todos, también por los que no lo votaron. Ojalá lo recuerde antes del próximo viaje.
