Si hay una misión que debe cumplir la educación y particularmente en la Argentina, es la educación basada en el pensamiento crítico. Cualquier institución educativa, debe ayudar a los niños y niñas y adolescentes a la emancipación, a la independencia como sujetos pensantes, mediante la capacidad crítica. Como todo hábito del pensamiento es algo que se aprende en la escuela y que ofrece a los ciudadanos la posibilidad de analizar las ideas, desmenuzarlas, realizar una elección, finalmente construir su propio proyecto de vida en base a su pensamiento.
Justamente asistimos a todo lo contrario. Con la visita del presidente a una de las escuelas privadas de mayor trayectoria en el país, la escuela ORT ex Bialik. Allí, el presidente, que iba a hablar de inteligencia artificial tomo el camino de mayor pobreza intelectual, algo que nos tiene acostumbrados. Optó por el adoctrinamiento a los jóvenes. Es decir, tomar valores e ideas, ideologías presentadas sin discusión para que el los estudiantes asimilen, sin crítica alguna. Lo más llamativo y bizarro fue que opto por el adoctrinamiento, pero en el plano religioso, aprovechando que se trataba de una escuela de ideario judío. El sesgo religioso intentó darle a la presentación un valor monolítico e irrefutable, en lo que el presidente da en llamar LA MORAL COMO POLITICA DE ESTADO. En ese plano intentó instalar un ideario macartista, violento y discriminador del que piensa distinto. Un verdadero discurso de odio en una escuela secundaria. Un verdadero adoctrinamiento. No se trataba precisamente de no adoctrinar, según su propio discurso????
En ese marco, Milei dijo no creer en relativismos morales, sus valores son innegociables. De inmediato recordó la frase de Lebivavit con la cual plantea la idea que dice “la misión no es guiar a los fieles al paraíso sino traer el paraíso a la tierra”. En otras palabras, se presentó ante los estudiantes como un mesías abocado a hacer lo “justo”. Realizó críticas al periodismo y finalmente se presentó como una víctima planteándole a los estudiantes un dilema de hierro: “o eligen el bien o eligen el mal”
El presidente no hizo más que ofrecer una imagen de sí mismo, lamentable para los jóvenes. Totalmente en oposición al libre pensamiento y a la posibilidad de construir subjetividades diversas. La escuela debe cumplir otro rol, que seguramente desconoce el presidente. La diversidad de ideas permite que los jóvenes puedan construir su propia identidad. Interpretar la realidad a partir de sus experiencias humanas. Sentir el mundo en el que viven a partir de sus vivencias únicas en su contexto social. Cada individuo, cada persona en formación, es atravesado por su cultura tan diversa como diferente y lejos de pensamientos binarios que hacen optar entre la amenaza del bien o mal. La escuela que hace pensar es el mayor enemigo del pensamiento único que intenta instalar el presidente.
