ADOLESCENTES, DEPORTES Y LAS 3 ESPADAS DE LUCIFER

Frenar la desintegración social es el gran objetivo. Tus hijos, tus nietos, tus sobrinos, tus alumnos, nunca estuvieron tan expuestos como en estos tiempos. Las estadísticas son realmente escalofriantes, pero mucho más grave es el árbol que nos está tapando el bosque. Las drogas, la bulimia y la anorexia, y las adicciones digitales avanzan día a día como tormentas perfectas que ni siquiera los mejores especialistas nos pueden explicar.

Pasamos la vida discutiendo sobre economía, negocios o política; nos desvivimos por lujos y placeres que terminan siendo una hormiga en una selva cuando ves que un niño cae en las drogas y se convierte en gatillero para conseguirlas, o cuando ves a jóvenes que llevan el ser delgado al extremo y lo convierten en un escalón y punto de fascinación, y cualquier autoflagelación es válida para lograrlo, o cuando nuestros hijos pasan más de 7 horas diarias frente a la pantalla del celular y se convierten en expertos timadores para engañarnos.

Las 3 espadas de Lucifer atacan cuerpo, mente y alma, dejan atrás todo análisis de una sociedad fracturada e intentan demostrar el proceso de descomposición y desintegración social que hemos comenzado a transitar. Familias destruidas, padres desmoralizados y, principalmente, jóvenes destrozados con pocas perspectivas de futuro. Y cada vez es peor.

En Argentina, el 87,5 % de los jóvenes menores de 30 años presenta algún tipo de patrón de riesgo frente a las pantallas digitales. Según datos de la Cruz Roja, 6 de cada 10 estudiantes secundarios se encuentran expuestos a las apuestas; el 16 % ya apostó alguna vez, de ellos, el 83 % lo hizo desde el celular y, lo más grave, el 50 % recibió ayuda de un mayor. Datos de 2025 en México muestran que los adolescentes tienen más malestar psicológico y comportamientos suicidas que los adultos y, al mismo tiempo, se dispara una combinación de ansiedad, redes y comparación corporal que termina en estos trastornos tan delicados relacionados con la alimentación.

En Europa, el 26 % de los estudiantes menores de edad ha consumido drogas. Entre 15 y 19 años, más del 29 % declaró haber consumido al menos una sustancia psicoactiva legal, y el policonsumo indica que el 61 % probó 2 o más sustancias. El vapeo y los cigarrillos electrónicos también tienen sus números alarmantes, que alcanzan el 38,5 % de los jóvenes estudiantes tanto en Latinoamérica como en Europa, y un 20,5 % desconoce el riesgo de esos consumos semanales.

Las 3 espadas de Lucifer tienen características transversales, como la ansiedad y la sensación de vacío. Muchos las utilizan para tapar la soledad o la presión y, lamentablemente, todas, absolutamente todas, son de fácil acceso.

La escuela, la familia y las distintas religiones son grandes alternativas, pero paralelamente tenemos un escudo que es realmente tan potente como escalable. El deporte es ese escudo; es la herramienta de contención y transformación social más poderosa que podamos imaginar. En su etapa formativa nos aporta activos incalculables para nuestros hijos: disciplina, respeto, integridad, pasión y solidaridad. En su etapa competitiva nos aporta autocontrol, manejo de la presión, tolerancia a la frustración y trabajo en equipo. En su etapa profesional, el deporte nos aporta liderazgo, gestión del tiempo, orientación a los objetivos y cultura del esfuerzo. Y, finalmente, en su etapa recreativa, el deporte nos aporta bienestar, salud, sociabilización, relacionamiento para los negocios, disminución del estrés y la ansiedad.

En definitiva, el deporte nos da dopamina y endorfinas naturales, nos brinda identidad y pertenencia, además de estructurarnos mejor el tiempo. El deporte fortalece la autoestima del cuerpo por lo que hace y no por lo que se ve. Al mismo tiempo, te fortalece en la tolerancia al aburrimiento, regula el sueño y disminuye la ansiedad.

Esta herramienta, este escudo, ataca los tres factores comunes que aparecen sin piedad: la soledad, la baja autoestima y el vacío de proyecto. Por eso, y por muchas cosas más, es momento de activar y encontrar en este escudo el verdadero potencial que tenemos como sociedad, no solo para proyectar, sino también para compartir y disfrutar.

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