LORD GRENVILLE / AL STEWART 

La canción, incluida en el álbum “Year Of The Cat” (1976), está inspirada en la trágica expedición de 1591 del Sir Richard Grenville.

La letra relata la trágica expedición de 1591 del Sir Richard Grenville, quien murió tras combatir solo con su barco, el “Revenge”, contra una flota española en las Azores. La canción está escrita desde la perspectiva de los 15 hombres que se quedaron atrás y saben que su fin es inminente. Mezcla el contexto histórico del marino isabelino con una perspectiva melancólica sobre el paso del tiempo y la resignación.

Sir Richard Grenville nació en 1542, y después de una distinguida carrera como soldado y explorador, fue nombrado vicealmirante de la Marina Real Británica. En 1586 navegó a la isla de Roanoke, lo que hoy se conoce como Carolina del Norte, para fortificar una colonia establecida por Sir Walter Raleigh, dejando atrás a 15 hombres que desaparecieron; Roanoke pasó a ser conocida como la «Colonia Perdida».

Años más tarde, en 1591, Grenville navegó hacia las Azores, Portugal, en busca de tesoros españoles, pero se encontró en inferioridad numérica cuando su barco, el “Revenge”, se separó del resto de la flota. Durante la Batalla de Flores, el 9 de septiembre de 1591, una flota de cincuenta y cinco navíos, mandada por Alonso de Bazán, venció y puso en fuga a otra flota inglesa de veintidós navíos mandada por el almirante inglés Thomas Howard, que se encontraba emboscada en la isla de Flores para atacar y capturar a la flota de indias. Después de luchar contra 15 barcos españoles durante toda la tarde y la noche, el “Revenge” fue entregado por su tripulación en contra de sus deseos. En esa batalla Grenville recibió graves heridas de arcabuz. Grenville fue hecho prisionero y murió a bordo en la isla de Flores, Azores, a bordo del buque insignia español, con tan solo 49 años.

A Stewart le costaba dar con las notas altas en la frase: “Nuestro tiempo es solo un punto en una línea”. “La canté durante dos horas y Alan Parsons no dejaba de mirarme fijamente a través del cristal, y yo simplemente no podía dar con la nota alta. Lo volvía loco”, contó Al.

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