Hablar de economía implica, muchas veces, hablar en términos que parecen reservados para especialistas. Pero detrás de cada concepto económico hay algo mucho más concreto: decisiones que impactan en la vida cotidiana.
Por eso vale la pena detenernos en una frase que escuchamos cada vez con más frecuencia: “la macro está ordenada”.
Antes que nada, conviene aclarar de qué hablamos cuando hablamos de macroeconomía. La macro estudia el funcionamiento global de la economía y observa grandes variables como la inflación, el Producto Bruto Interno, el tipo de cambio, el empleo o la capacidad ociosa. La microeconomía, en cambio, mira las decisiones de las familias, las empresas y los consumidores, y cómo esas decisiones se relacionan en los distintos mercados.
Entonces, ¿qué significa realmente decir que “la macro está ordenada”?
Uno de los argumentos centrales es que la inflación está bajando y que el dólar se mantiene estable. Y es cierto que pasar de una dinámica inflacionaria cercana al 300% a una inflación esperada del 30% anual constituye un cambio significativo. Pero una economía no puede evaluarse mirando solamente esas dos variables.
Si queremos hablar de una macroeconomía verdaderamente ordenada, también deberíamos preguntarnos qué sucede con el empleo, con la producción, con el crédito y con la capacidad de las empresas para sostener su actividad.
De hecho, la reciente posibilidad de otorgar créditos en dólares a determinadas empresas no exportadoras, bajo ciertas condiciones, puede leerse también como un reconocimiento de que hace falta reactivar la economía. Porque si hay desempleo, fábricas que cierran y capacidad crediticia que no se utiliza, resulta difícil sostener que el orden macroeconómico se agota en la inflación y el precio del dólar.
Y acá aparece la cuestión que, a mi entender, debemos decodificar.
Cuando se dice que “la macro está ordenada”, el mensaje parece tener hoy un significado bastante concreto: la inflación baja y el dólar está estable. Pero cuando aparecen otros problemas, la explicación cambia.
Si hay desempleo, se dice que los salarios están caros.
Si cierran fábricas, se habla de empresas ineficientes o acostumbradas a ganar dinero acumulando stock.
Y si una actividad económica no logra sostenerse, aparece una palabra que resume la respuesta: “reconvertite” Pero reconvertirse no es una decisión que pueda tomarse de un día para el otro. Además, agregan son problemas de la microeconomía.
Detrás de cada trabajador que pierde su empleo hay una familia. Detrás de cada fábrica que cierra hay trabajadores, proveedores y comercios que también pierden actividad. Y detrás de cada profesional, comerciante, productor o pequeño empresario que deja de trabajar hay una persona que también consume, paga impuestos, sostiene una familia y forma parte de la economía real.
Porque esos trabajadores —estén o no en relación de dependencia— también son consumidores.
El productor de seguros, el contador, quien provee viandas, el comerciante, el profesional independiente, el trabajador de una fábrica. Todos forman parte de ese entramado que permite que una economía funcione. Por eso, cuando hablamos de macroeconomía, no deberíamos olvidarnos de las personas.
Una economía puede mostrar mejores indicadores de inflación y estabilidad cambiaria y, al mismo tiempo, tener problemas profundos de empleo, producción y consumo.
Y ahí está la pregunta que deberíamos hacernos: ¿Ordenada para quién?
Porque si para ordenar la macro hay que desatender el consumo, cerrar empresas, perder puestos de trabajo y decirle a quienes quedan afuera que simplemente deben “reconvertirse”, quizás lo que está ordenado sea una parte de la economía. Pero no necesariamente la economía de las familias.
Si un altísimo porcentaje de las familias se endeuda para llegar a fin de mes, es decir, toma deuda en el sector formal y no formal (mucho más grave), se endeuda para gastos y servicios básicos hay algo que no funciona.
Breve propuesta
Hoy nadie en su sano juicio propondría emisión espuria y descontrolada, pero si es necesario revisar la política comercial aperturista indiscriminada. Revisar implica impedir que el empleo argentino se destruya, y en definitiva es lo que realiza Estados Unidos, la principal potencia mundial para atenuar los efectos negativos de la guerra comercial que mantiene con China.
