Hasta hace 2 años, había uniformidad en diferentes sectores de la sociedad, básicamente en la extensa clase media, con respecto a la idea de que todo lo que estaba ocurriendo en argentina con el nuevo gobierno merecía aprobación, con tal de no volver al pasado inmediato anterior, después del fracaso del último gobierno Kirchnerista. Todo estuvo claro y era razonable, hasta que el efecto que generó la implementación del programa económico de ajustes libertario comenzó a erosionar la economía y la supervivencia de vastos sectores que en la actualidad han modificado su posición tolerante y comenzaron a expresar que la realidad actual no es lo que imaginaron en el momento en que votaron. Aceptando que esta es una generalidad, resulta inevitable proyectar este sentimiento en el corto plazo e imaginar qué puede ocurrir a partir de este incipiente cambio de ánimo.
La decepción crece día a día porque la realidad se encarga de marcar un escenario preocupante para los trabajadores y sectores de la producción industrial y el comercio que sufren una significativa caída. Si compensamos los cierres y nuevas aperturas de industrias y comercios que se produjeron en todas la regiones del país, faltan casi 30.000 empresas desde que asumió este gobierno, según informa CEPA – Centro de Economía Política Argentina y desaparecieron aproximadamente 442.000 puestos de trabajo registrado.
Después de un largo período de tolerancia por el estilo agresivo, el uso frecuente de descalificaciones, su manifiesta irrespetuosidad hacia quienes no comparten su pensamiento, la retórica punzante y hasta escatológica del actual presidente argentino, estaría marcando cierta distancia entre quienes lo votaron para quitarse de encima el atroz fantasma del Kirchnerismo y su inaceptable postura arrogante. Tal vez no hay en esa amplia franja de votantes la tolerancia suficiente como para pensar que estas conductas, que no alcanzan a tapar o disimular la pésima realidad socio – económica actual de argentina, sea sólo el “uso estratégico de la confrontación para marcar agenda” y pueda provocar un efecto inverso al esperado y termine espantando a los otrora millones de encantados.
Ante estas señales, debemos estar atentos a la aparición de señales de frustración, indignación y falta de confianza de los ciudadanos, que podrían marcar una nueva realidad política argentina.
A esta altura del año pre electoral, podemos inferir que las 2 ofertas políticas mayormente conocidas, Kirchnerismo por un lado y Libertarismo por el otro, tienen un alto porcentaje de rechazo de parte de la sociedad que permanece encapsulado en cada bloque de seguidores profundizando la grieta y alejando posiciones conciliatorias.
Surge aquí la pregunta sobre si Argentina estará nuevamente sometida a un escenario de opciones que inevitablemente forzará una toma de decisiones desde el odio hacia el otro, o comenzará una nueva búsqueda para proyectar a dirigentes formados, previsibles, equilibrados, respetuosos, aunque no provengan directamente de las estructuras políticas pero que estén decididos a sostener la estabilidad macroeconómica que impacte directamente y de manera positiva en la micro economía; que propongan establecer Políticas de Estado que trasciendan los turnos políticos y den previsibilidad; que promuevan incentivos para la contratación de mano de obra en el sector formal y reducir la informalidad; que propongan conectar la economía al mercado global mediante la exportación de valor agregado, energía y servicios basados en el conocimiento; que respalden la bioeconomía fortaleciendo el sector agroindustrial mediante leyes de apoyo a la tecnología, biotecnología y procesos sustentables; que exploten el potencial de Vaca Muerta, el Litio y las Energías renovables para generar divisas que serían destinadas en parte a invertir en educación técnica y universitaria orientadas a las industrias del futuro y la economía del conocimiento y que se concentren en desarrollar la infraestructura y vías de comunicación necesarias para un crecimiento real como país. Hoy es un sueño, pero que conveniente sería que el desafío consistiera en tratar de construir un país que crezca bajo un paraguas de “normalidad”.
Atenti, porque ante tantos fracasos históricos y aunque no sea posible en términos de inmediatez, resultará muy tentador promover el desarrollo de una súper computadora cuántica, (sobre la que ya existen enormes avances), que reemplace a los ineficaces gobiernos actuales.
