El proyecto de cobrar «arancel» en hospitales y centros de salud públicos nacionales a extranjeros no residentes vuelve a instalarse en el debate. Bajo la excusa de «cuidar los recursos» y «evitar el turismo sanitario», una propuesta así nunca suena razonable en un titular. En la práctica es una mala idea: cara, ineficiente y peligrosa para la salud pública de todos.
Un problema de salud pública no tiene nacionalidad
Un virus no pregunta DNI. Un brote de dengue, tuberculosis o sarampión tampoco.
Si una persona con fiebre y síntomas evita ir al hospital por miedo a una deuda, no solo se enferma ella. Contagia a sus vecinos, compañeros de trabajo y a los hijos de argentinos en la escuela.
La salud pública se financia con impuestos de todos porque beneficia a todos. Ponerle un molinete en la puerta es romper la principal herramienta que tenemos para prevenir epidemias: la atención primaria, temprana y universal.
¿A dónde va a ir el extranjero sin obra social y sin dinero si le niegan la atención en el hospital? A la guardia. Esperando que sea una urgencia.
Esa es la atención más cara del sistema. Termina costándole más al Estado atender una neumonía en terapia intensiva que una consulta ambulatoria a tiempo. El proyecto, lejos de «descomprimir», va a colapsar más las guardias.
Argentina construyó parte de su identidad en base a la salud y educación pública, gratuita y de calidad. Es lo que nos diferencia. Es lo que atrae profesionales, investigadores y familias de toda la región.
Cobrarle a un estudiante o a un trabajador extranjero que paga IVA y alquiler acá, o a un niño que nació acá pero sus padres no tienen papeles, es elegir qué vidas valen y cuáles no. Es un retroceso ético que nos pone a la altura de sistemas que ya fracasaron.
Además, ¿quién define «extranjero»? ¿El que tiene pasaporte pero vive hace 10 años acá? ¿El que está tramitando la residencia? Se abre la puerta a la discriminación y al maltrato en la puerta del hospital.
La solución no es cerrar la puerta de la guardia. Más inversión en el sistema de salud, infraestructura, insumos y camas.
Cobrar arancel a extranjeros es un eslogan que gestiona mal. No ahorra, contagia más, colapsa las guardias y mancha un principio que nos hizo grandes: atender al que lo necesita.
La salud no se puede cobrar por ventanilla. Se paga entre todos, y se cuida entre todos.
Esta medida no aplica a los hospitales provinciales ni municipales, que dependen de sus respectivas jurisdicciones. Santa Fe tiene un sistema de salud universal, eficiente y sostenible donde la salud es un derecho humano fundamental consagrado en la nueva Constitución Provincial.
Si empezamos a ponerle precio a la vida según el pasaporte, el próximo en la fila para que le nieguen la atención podemos ser cualquiera de nosotros.
