La Fifa también juega con las figuritas

Hay cambio de empresa, pero no de mañas. La Fifa hizo una jugada con marcada precisión a un toque en modo monopolio. Realizó un movimiento que en realidad deja más preguntas que respuestas. Decidió que la historia de las figuritas del fútbol mundial se escribirá a partir de 2031 sin la firma italiana Panini. En su lugar entrará la empresa estadounidense Fanatics. Esta variante no es más que una metáfora de cómo el fútbol sigue siendo víctima de la voracidad del negocio global.

Mientras Fanatics se frota las manos y se prepara para controlar el mercado mediante su filial Topps (marca que ya le había arrebatado a Panini los derechos de la Eurocopa en 2024), los hinchas solo esperan que no les vendan también la ilusión.

El fútbol es un deporte de pasión extrema en gran parte del planeta. También es una industria que genera miles de millones de dólares. Con este cambio de mando en las figuritas ratificó que está insertado en el escenario del negocio descontrolado a gran escala.

Luego de 60 años de un romance silencioso entre Panini y los hinchas, la Fifa pateó la pelota hacia la dirección donde fluye el mercado y reina el poder. Nada es casual. ¿Quién tomará el relevo? La todopoderosa Fanatics. Sí, ese gigante estadounidense de las tarjetas coleccionables que no llegó para jugar, sino para monopolizar.

Porque, claro, ¿qué mejor que transformar un papel impreso en un producto digital de alta rentabilidad? La innovación, según el presidente de Fifa, Gino Infantino, busca «profundizar la conexión emocional» con los hinchas como además “recibir mayores ingresos”.

Pero detrás de esa frase hay algo más que una excusa para justificar la pérdida de la tradición. Es la certeza de que lo que importa es el dinero, nunca la pasión o la historia en sí.

No es coincidencia que Fanatics, con sus proyecciones financieras que parecen sacadas de un capítulo de Wall Street, haya sido la elegida al azar para reemplazar a Panini. Mientras la firma italiana estimaba ingresos cercanos a los US$ 1.500 millones para los próximos ciclos mundialistas, la empresa estadounidense argumentó que superará los US$ 4.000 millones solo en su división de coleccionables.

La escala y la influencia digital de Fanatics parecen haber pesado más que la historia. En realidad, solo fue un pretexto para abrir la puerta a un monopolio sin precedentes en el mercado. Porque la Copa del Mundo se jugará en Estados Unidos, la sede del imperio de la firma que además domina los derechos de la NBA, NFL y la Fórmula 1, entre otros. De esta manera estará consolidando un ecosistema donde la compra y la colección digital parecen ser la nueva religión.

Cabe destacar que el traspaso de los derechos también reaviva la disputa entre Panini y Fanatics por el control del mercado de tarjetas coleccionables, que incluye un juicio en curso.

No sería descabellado pensar que el objetivo central es convertir la pasión del fútbol en un negocio digital sin fin, con la complicidad de una Fifa que parece más interesada en los números que en el espíritu del deporte.

La única certeza es que, en esta historia, los hinchas vuelven a ser simples consumidores en un tablero que siempre es controlado por unos pocos. O los mismos de siempre…

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