El Mundial de fútbol no arrancó, pero ya hay temas urticantes. Recientemente se filtró que habrá un aumento drástico en la tarifa del tren entre la estación Penn de Nueva York y el estadio MetLife. Pasará de 12.90 a 100 dólares durante los ocho partidos que se jugarán en Nueva Jersey. Una actitud leonina en toda su expresión. También es verdad que esta postura generó un debate importante sobre los límites del oportunismo empresarial y las responsabilidades de los grandes eventos internacionales. El incremento tarifario y su percepción en el contexto cultural estadounidense no sorprende y ratifica que la viveza no es solo criolla.
La decisión de la empresa NJ Transit de elevar notablemente y sin anestesia la tarifa se justifica en la necesidad de cubrir los costos operativos. Afirman que la logística del evento demandará un extra de $48 millones de dólares.
Sin embargo, esta insólita justificación choca con la realidad de que el incremento, por más que pretenda ser exclusivo para los asistentes al Mundial, afectará en gran medida a quienes irán a disfrutar de los partidos porque deberán hacer un elevado gasto extraordinario.
La multiplicación por ocho (es el número de encuentros programados en el estadio) del precio habitual revela una estrategia de maximización de beneficios propios. Será una carga desproporcionada hacia la masa de turistas que podría replicarse en otros Estados, ya que varias empresas analizan retocar los precios argumentando subas en la logística interna.
Más allá de las particularidades estrategias empresariales, ya hubo algunas reacciones de líderes políticos. La gobernadora local Kathy Hochul y el senador Chuck Schumer, reflejaron una preocupación legítima por el impacto social y la percepción de injusticia económica hacia los visitantes .
Por el momento, hay muchas preguntas sin respuestas. ¿Es justo que los beneficios económicos de un evento como el Mundial sean acompañados por una carga desproporcionada para quienes deseen asistir?
Está claro que el capitalismo muestra su peor versión con esta determinación. Incluso, el aumento tarifario demuestra que la “viveza” no es exclusiva de una cultura o región. También se manifiesta en diversas sociedades y contextos. Sobre todo en el llamado primer mundo.
Otros datos a tener en cuenta
El transporte sufrirá cambios críticos durante los días de partido. Lo padecerán los habitantes de Nueva York y quienes trabajan en Manhattan.
Acceso restringido: Durante las 4 horas previas a cada inicio de partido, la terminal de Penn Station en Manhattan estará cerrada para el público general. Solo podrán ingresar quienes tengan una entrada para el Mundial y un boleto de tren con franja horaria asignada.
Viajeros habituales: Quienes viajan diariamente hacia Nueva Jersey deberán buscar rutas alternativas o ajustar sus horarios, ya que no se les permitirá usar la terminal en los periodos de máxima afluencia de aficionados.
Estacionamiento limitado: El MetLife Stadium reducirá drásticamente sus plazas de parking comparado con un partido regular de los Jets o los Gigantes, forzando a la gran mayoría a usar el tren.
