Influencers en el ojo de la tormenta

La sociedad está inmersa en la era digital. También está contaminada por los influencers y creadores de contenido, quienes se erigieron en especies indispensables para las marcas, políticos y diversos personajes que buscan amplificar su visibilidad en las redes sociales. Sin embargo, con la exposición y popularización llegaron también las tensiones. Los incidentes y las polémicas que cuestionan su rol en eventos de alto nivel. Los casos más cercanos son los torneos de tenis. Pasó en el reciente Mundial de fútbol también. Pero la decisión de Wimbledon de no acreditarlos tras los disturbios en el US Open, revela una postura crítica y racional en un claro intento por recuperar la esencia del deporte frente a la invasión del espectáculo digital.

Durante el US Open hubo múltiples partidos donde debieron ser interrumpidos por ruidos molestos, luces y movimientos provenientes de las tribunas. Los protagonistas de algunos de estos actos fueron precisamente los “creadores de contenidos”.

No obstante, la situación alcanzó su punto más crítuico en el encuentro entre Naomi Osaka y Anastasia Zakharova, cuando una sesión de fotos en una suite con luces encendidas y conversaciones en voz alta forzó la detención del partido. 

Los incidentes evidenciaron cómo la presencia descontrolada de influencers y creadores de contenido que no tienen nada que ver con el deporte puede alterar la concentración de los deportistas y a la vez afectar la calidad del espectáculo.

También es verdad que muchos personajes de diferentes ámbitos argumentan que los influencers aportan visibilidad y difusión al deporte, ayudando a captar audiencias de jóvenes y a la vez dinamizar ciertos tipos de eventos tradicionales. 

Pero también es cierto que la creciente presencia de estos actores en los torneos de tenis despertaron críticas por parte de jugadores y público, ya que consideran que están contribuyendo a un fenómeno de interferencia y pérdida de respeto por las reglas básicas del deporte. Expresaron una realidad, claramente.

Tal es así que Naomi Osaka y otras figuras del tenis expresaron su malestar, reclamando un ambiente más respetuoso y organizado.

Fue por eso que, tal vez, llegó rápidamente una respuesta por parte de Wimbledon.

Frente a estos repudiables episodios, Wimbledon decidó reforzar sus controles y políticas de acreditación. La organización del torneo británico confirmó que no habilitará una categoría específica para influencers o creadores de contenido en 2027, manteniendo una postura más restrictiva que la adoptada por el US Open, que amplió significativamente la acreditación de estos perfiles en su reciente edición. Y así les fue. En Inglaterra no quieren que suceda algo así. 

A eso hay que agregarle que el personal de seguridad tendrá autoridad para retirar o confiscar objetos que puedan distraer a los jugadores, como aros de luz, dispositivos de grabación y otros elementos que alteren la concentración en la cancha. La prohibición de flashes, palos para selfies y lentes de gran tamaño refleja un compromiso por preservar el silencio y la solemnidad en un escenario que desde 1877 viene siendo símbolo de tradición y respeto.

Mientras la organización neoyorquina apuesta por la apertura y la inclusión de la comunidad digital, aunque con límites, Wimbledon busca proteger la esencia del juego, evitando que las distracciones y el ruido digital empañen la experiencia.

Es que la exposición de los influencers en eventos deportivos pusieron hace tiempo sobre la mesa una cuestión más profunda: ¿qué valor tiene el deporte en la era de las redes sociales? ¿Es un espacio para el respeto y la concentración o un escenario más para el espectáculo y la viralidad? 

La respuesta parece clara. La presencia desmedida y descontrolada de estos actores puede convertir los eventos en un escenario de riesgo para los verdaderos protagonistas. Está claro que los influencers son, para muchas marcas y políticos, como los representantes del fútbol: males necesarios.  

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