Ganar sin dejar de formar

Cuando digo que quiero formar futbolistas de manera integral y que la persona está primero, a veces se interpreta que el resultado no me importa. Quiero ser claro: me importa y quiero ganar. Trabajo para que mis equipos se preparen para competir. Para que tengan ambición y que hagan todo lo que está a su alcance para ganar el partido. Enseñar a un chico a competir con esa intención es parte de nuestra responsabilidad como entrenadores.

Muchos chicos llegan al fútbol con el sueño de jugar al más alto nivel. Una minoría llegará a la élite ¿Qué hacemos con todos los demás? Les damos la misma seriedad en la enseñanza, la misma exigencia y oportunidades reales de competir.

Pensar primero en la persona significa tomar en serio su sueño y ayudarla a desarrollar sus capacidades. Algunos harán del fútbol su profesión. Todos merecen una formación que les permita descubrir hasta dónde pueden llegar.

Si un chico se prepara y casi nunca tiene la oportunidad de jugar, vale la pena preguntarnos qué podemos estar pasando por alto ¿Quiénes somos para dar por hecho que los que hoy juegan más son los que van a llegar más lejos?

Podemos evaluar el presente y decidir quién juega un partido. El futuro de ese chico no está escrito en nuestra evaluación. Hay deseos, convicciones y una voluntad de superarse que ningún entrenador puede conocer del todo. Nuestro trabajo es seguir enseñando a diario y darle oportunidades para que muestre lo que puede hacer.

Quedan pocos minutos, el equipo gana por un gol y un chico espera su turno para entrar. El entrenador mira el reloj, mira el partido y tiene que decidir. Cada encuentro plantea una situación distinta. Pero si a lo largo de la temporada, cada vez que el resultado se ajusta, contamos con los mismos, ¿cuándo van a aprender los demás a jugar bajo presión? Darle a ese chico una responsabilidad para la que viene trabajando también es una decisión competitiva. Lo hacemos entrar porque creemos que puede ayudar al equipo.

Aprender a competir también implica aprender a responder bajo presión. Como entrenadores, tenemos la responsabilidad de exigir, orientar y transmitir confianza. Especialmente cuando el partido se complica. El resultado importa y cada jugador debe aprender a hacerse cargo de su aporte al grupo. Al mismo tiempo, necesita saber que su valor como persona no depende de su rendimiento. Esa confianza le permite asumir la exigencia de competir y seguir creciendo.

Eso es para mí formar ganando. Quiero que mi equipo gane el próximo partido y quiero que cada vez más jugadores estén preparados para ayudarlo a ganar. Para eso entrenamos, exigimos y damos oportunidades. Porque si queremos que un chico aprenda a competir para ganar, alguna vez tenemos que confiar en él cuando el partido todavía está por ganarse.

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