En los últimos días se presentaron los proyectos de presupuesto de la Provincia de Santa Fe y de la Municipalidad de Rosario. Como ocurre cada año, comienza el debate sobre los recursos, los gastos y las prioridades de los gobiernos. Pero antes de discutir los números, conviene detenernos en una pregunta básica: ¿qué es un presupuesto y qué nos dice realmente?
Un presupuesto es, en esencia, una estimación. Por un lado, proyecta los recursos que ingresarán a las arcas públicas, principalmente a través de los impuestos, pero también mediante el crédito público, los cánones y otros conceptos. Por el otro, establece las autorizaciones máximas de gasto: salarios, servicios, intereses y cancelación de deuda, y obra pública, entre otros rubros.
Es una herramienta fundamental para la planificación y el control de la gestión. Sin embargo, no es una fotografía de la realidad, sino una previsión elaborada meses antes de su entrada en vigencia.
¿Puede modificarse un presupuesto?
Por supuesto. Y no solo puede, sino que muchas veces debe hacerlo. Las estimaciones de recursos y gastos pueden resultar insuficientes o excesivas frente a lo que finalmente ocurre. Para eso existen las reasignaciones presupuestarias.
Un ejemplo conocido es el de los cupones vinculados al crecimiento del PBI que Argentina pagaba años atrás. El desembolso estaba condicionado a que la economía creciera por encima del 3,25%. Cuando ese crecimiento no se alcanzaba, los recursos previstos para ese concepto podían destinarse a otros fines. Lo mismo sucede cuando la recaudación supera las estimaciones iniciales, esos mayores ingresos pueden ser reasignados.
El presupuesto, entonces, es una herramienta dinámica. Su análisis requiere comprender no solo lo que se proyecta, sino también las modificaciones que se producen durante el ejercicio.
¿Qué ocurre si no se aprueba?
En ese caso, rige el presupuesto del año anterior, con las modificaciones necesarias. Esto no significa que la administración pública quede paralizada, pero sí que el Ejecutivo puede operar con un margen elevado de discrecionalidad.
Por eso, considero que no aprobar el presupuesto constituye un error político e institucional. La discusión presupuestaria es una instancia esencial para debatir prioridades, establecer límites y transparentar las decisiones de gobierno.
Habitualmente se define al presupuesto como la “ley de leyes”. Sin embargo, creo que esa denominación puede llevarnos a sobredimensionar su importancia como instrumento de análisis de las finanzas públicas. Hay otro documento que merece, como mínimo, la misma atención: la Cuenta de Inversión.
Santa Fe y Rosario: qué dicen los proyectos
El proyecto de presupuesto de la Provincia de Santa Fe contempla la creación de un fondo de infraestructura agropecuaria financiado con la recaudación del Impuesto Inmobiliario Rural. También solicita autorizaciones para tomar deuda de corto plazo mediante Letras, y contempla endeudamiento para obra pública por hasta el 25% del gasto de capital. A su vez, prevé financiamiento para la EPE y Aguas Santafesinas con destino a infraestructura.
Al momento de escribir esta columna, no se había presentado el proyecto de Ley Tributaria, un elemento indispensable para completar el análisis de los recursos que sostendrán el presupuesto provincial, y a su vez nos indica cuanto pagaremos de impuesto inmobiliario, patente, etc.
En el caso de la Municipalidad de Rosario, el proyecto para 2027 estima alcanzar un superávit fiscal. Se trata de una proyección difícil de cumplir, considerando que las ejecuciones presupuestarias municipales muestran déficits financieros crónicos desde 2021, de acuerdo con los datos de las Cuentas de Inversión, páginas 606 y siguientes.
No obstante, hay una señal positiva. La propuesta de ordenanza tributaria incorpora un régimen promocional del Derecho de Registro e Inspección (DREI) para los comercios minoristas, contienen una disminución de alícuotas de 50%. Es una medida que merece destacarse en un contexto en el que la actividad económica y la situación de los pequeños comercios requieren atención.
La discusión que no debemos postergar
El debate sobre el presupuesto concentra, año tras año, una enorme cantidad de energía de los sectores políticos, la sociedad civil y quienes estudiamos las finanzas públicas. Es lógico: allí se expresan las prioridades de un gobierno y se proyecta el destino de los recursos de todos.
Pero ese mismo esfuerzo debería sostenerse en el análisis de la Cuenta de Inversión. Porque una cosa es lo que un gobierno estima recaudar y autoriza gastar, y otra muy distinta es lo que efectivamente recauda, ejecuta y hace con esos recursos.
La Cuenta de Inversión permite conocer la ejecución real, las diferencias entre lo presupuestado y lo realizado, y el destino efectivo del gasto público. Es allí donde las promesas se contrastan con los resultados.
Si queremos discutir seriamente las finanzas públicas, debemos mirar tanto el presupuesto como su ejecución. El presupuesto expresa una intención; la Cuenta de Inversión revela lo recaudado y lo gastado.
