En Argentina, existe una verdad incómoda que la política suele omitir: el sistema previsional no se sostiene solo con aportes salariales, sino con el esfuerzo diario de cada ciudadano, trabaje en blanco o no. Hoy, el sistema se ha convertido en una «Provincia nro. 24»: una estructura que absorbe recursos de la coparticipación nacional y provincial, condicionando el desarrollo de todo el país.
¿Aportaste o no aportaste? La respuesta es un «sí» rotundo
Solemos dividir a la sociedad entre quienes tienen los 30 años de aportes y quienes «no pusieron nada». Es un error conceptual y una injusticia social.
Cientos de miles de argentinos no alcanzaron el requisito formal por causas ajenas a su voluntad: cierres de fábricas, crisis económicas, despidos o la precariedad del mercado laboral. Pero cabe preguntarnos: ¿realmente no aportaron?
La respuesta es un sí contundente
Cada vez que un argentino se toma un café, compra alimentos en el supermercado o paga la factura de la luz, el gas o el internet, está financiando el sistema previsional. El IVA lo pagamos todos los días sin darnos cuenta. A su vez, cada vez que cargamos combustibles un buen porcentaje se destina a financiar el sistema, podes poseer un vehículo o ser usuario del transporte público, pero también lo aportas cotidianamente. De similar manera ocurre con el impuesto al cheque. Es decir, en esencia, aunque no contribuyas vía aportes jubilatorios, si aportas indirectamente. El sistema se nutre de la mesa de todos los argentinos, no solo del recibo de sueldo varios impuestos.
El desafío: Recuperar la confianza y el 82% móvil
El sistema ideal es aquel donde los aportes de empleados, empleadores y autónomos alcanzan para cubrir jubilaciones dignas. Sin embargo, la realidad nos ha pasado por arriba. El verdadero desafío es incentivar de nuevo el aporte formal. Necesitamos que el trabajador —sea autónomo, monotributista o empleado— sienta que su esfuerzo vale la pena, con la meta clara de recuperar el 82% móvil y, sobre todo, la confianza perdida en el sistema previsional.
Sincerar para solucionar: Una propuesta de dos vías
¿Qué hacemos con quienes no llegaron a los requisitos? La solución no es el parche, sino la sinceridad administrativa. Propongo un sistema de dos carriles:
Jubilaciones contributivas: Para quienes cumplieron con el sistema formal
Pensiones de protección social: Para quienes estuvieron en el circuito informal o no alcanzaron los años. Estas deben ser pagadas directamente por el Presupuesto de la Administración Nacional y no canibalizar los fondos de los aportantes directos.
Sincerar el origen de los fondos facilitará las soluciones. Debemos entender la previsión social como lo que es: un subsistema de seguridad social que protege ante la vejez, la incapacidad o la muerte. Es la red que sostiene al individuo cuando su capacidad de generar ingresos se agota.
Reconstruir el contrato intergeneracional
Es hora de reconstruir el contrato entre generaciones. Un contrato donde los trabajadores activos financien a los pasivos bajo una administración estatal transparente que respete las necesidades de los beneficiarios. A su vez, reclamar el 82% es muy loable, pero creo firmemente que un topeo es de crucial importancia. Para que doña Rosa nos entienda un trabajador que gana 20 millones de pesos mensuales: hoy consume en sus necesidades alimentarias vestimenta, etc. pero también ahorra e invierte, por ello, establecer un tope es sumamente necesario porque la jubilación es para garantizar los consumos de un jubilado que tuvo en su vida laboral.
Solo con un sistema transparente, donde se reconozca que todos aportamos de una forma u otra, podremos dejar de administrar la escasez y empezar a garantizar una vejez digna para todos los argentinos.
