LA REFORMA DEL BANCO CENTRAL NO TE CAMBIA LA VIDA PARA NADA

El Gobierno nacional presentó un proyecto para modificar la Carta Orgánica del Banco Central. El eje de la propuesta es claro: dejar atrás los objetivos vinculados con el empleo, el desarrollo económico y la equidad social para concentrarse exclusivamente en la preservación del valor de la moneda.

Además, la iniciativa prohíbe el financiamiento del Tesoro, elimina las letras intransferibles, limita la posibilidad de monetizar ganancias y endurece las condiciones para la remoción de las autoridades de la entidad. Sin embargo, detrás de la presentación de estas medidas no hay nada demasiado novedoso.

Durante la década de 1990, Domingo Cavallo impulsó reformas de características similares con el objetivo de restringir la emisión monetaria y consolidar el régimen de convertibilidad. Años más tarde, cuando regresó al Ministerio de Economía durante el gobierno de Fernando de la Rúa, la realidad lo obligó a modificar las reglas que él mismo había establecido.

Las facultadas extraordinarias

En abril de 2001, y a gracias a las facultades delegadas por el Congreso al Presidente, un decreto modificó la Carta Orgánica del Banco Central para reducir los encajes bancarios e intentar reactivar una economía que se encontraba prácticamente paralizada. Aquella decisión derivó incluso en un enfrentamiento entre Cavallo y el entonces presidente del Banco Central, Pedro Pou.

La historia deja una enseñanza evidente: quienes hoy presentan determinadas reglas como inamovibles son, muchas veces, los mismos que mañana se ven obligados a cambiarlas.

No es cierto que esta reforma vaya a transformar la vida cotidiana de la gente. El Gobierno ya aplica, desde el primer día, una política monetaria profundamente restrictiva. En los hechos, los objetivos de crecimiento económico y defensa del empleo permanecían en la Carta Orgánica, pero dejaron de ser una prioridad mucho tiempo antes de esta propuesta.

Entonces, la pregunta es otra: ¿qué ocurrirá en el futuro?

Nadie tiene la respuesta. Pero la experiencia demuestra que la economía no funciona a partir de dogmas. Y cuando la realidad golpea la puerta, incluso quienes se presentan como dueños de la verdad terminan cambiando las reglas del juego.

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