DE LOS CURITAS PROTO MONTONEROS AL CURA DJ  

Leer un análisis político, económico y social en la actualidad, se ha convertido en un ejercicio de monotonía por momentos asfixiante. Vivimos en una ilusión constante que no nos permite diseñar y planificar el futuro inmediato, y mucho menos a mediano y largo plazo. Argentina se encuentra devastada moralmente, no importa cuando leas esto, ese dato es innegable e incontrastable cuando vemos a muchas personas rogando y haciendo lo posible para que al gobierno le vaya mal. 

Claramente la sociedad argentina ha cambiado, hoy no se acepta a “Sudor Marika”, un grupo cuasi musical haciendo apología del delito “compañero de piquete”, y mucho menos a un grupúsculo pseudo feminista con mujeres defecando en la Catedral Metropolitana y tirándole huevos, bosta de caballo y hasta bombas molotov. A contraposición de eso, los jóvenes y no tan jóvenes, comprenden que el mundo va en otra dirección, y entonces llega el éxito del Padre Guilherme, un cura DJ que lleva su set de música electrónica por todo el mundo transmitiendo valores y principios, compartiendo y enalteciendo acciones que al menos intentan alejar a la sociedad de los bajos instintos, la mezquindad y la avaricia. 

Sin dudas que el arco de la vida institucional es golpeado diariamente, las condiciones de convivencia ciudadana pierden consistencia y los accionares pseudo revolucionarias florecen en la aceptación pública de un grupo de pesimistas, consolidando e incrementando un camino de letargo de muy difícil retorno. Si pudiéramos expresar este concepto en números, pocas democracias en el mundo se sostienen con una robustez plena que alcance un número similar al 100 %, pero en Sudamérica, y principalmente en Argentina, ese porcentaje se encuentra en un descenso sostenido por la izquierda desestabilizadora.

La creación de coaliciones gobernantes y opositoras, son claros ejemplos de que nos cuesta generar volumen político basado en construcciones ideológicas y plataformas de pensamiento unificado. Sin embargo, existen movimientos que subyacen la superficie y avanzan en un claro intento de imposición antigua, el cual es muy peligroso enmarcado en los tiempos violentos en que vivimos.

Las estructuras supranacionales también fueron infiltradas oportunamente, hace algunos años, la Basílica de Luján con los curitas proto montoneros levantando la bandera de Mujica en una misa partidaria, y los militantes tocando el bombo como si estuvieran en los antiguos tablones de Nueva Chicago, eran un colchón de hojas otoñales que tapaban la superficie de un crudo invierno.

Paralelamente, el retorno de «los brujos» configura un hecho extraordinario en Latinoamérica. En ocasión, Evo Morales en Bolivia, Boric en Chile y Petro en Colombia fueron indicios del derrame y traspaso ideológico hacia dirigentes de menor escala.

La aparición de los líderes terroristas que reivindican la lucha armada setentista, poniendo en dudas el orden público, institucional y democrático. Y al mismo tiempo movimientos pseudo mapuches y grupos subversivos, que incendiaban, atacaban, y destruían mobiliarios del Estado, usurpaban terrenos públicos y privados, y mantenían a toda una Nación expectante por la baja densidad operativa en la represión de estos delitos, tal como lo indican las leyes vigentes y la Constitución Nacional.

Y en algún momento todo esto cambió, no solo porque llegaron gobiernos que impartían el orden y el respeto a las libertades individuales y colectivas, sino porque los herederos de esos brujos de izquierda, comprendieron que tenían que engañar a los sectores medios, mimetizándose con dirigentes muy diferentes a los que supieron ser, y transformándose en verdaderos revolucionarios chick de la política 

Y así se pusieron trajes, se arreglaron el cabello, se compraron vestimenta de la última moda, autos de lujo, comenzaron a dominar las redes con poderosos ejércitos digitales, y empezaron a implementar estrategias comunicacionales propias de una agencia especializada en marketing. Entonces, estas estructuras oscurantistas impulsadas por la construcción de un relato contradictorio y tristemente pobrista, comenzaron a calar muy profundo en el corazón de algunos distraídos que los perciben como opciones o soluciones a sus problemas. 

La izquierda intenta imponer agendas de minorías que terminan lesionando y lastimando a las mayorías, es por eso, que adherir a esta visión de dirigentes mimetizados es muy peligroso. En ocasiones, la inacción del Estado, la violencia y los esquemas sociales improductivos han transformado la Argentina en una verdadera «caldera del diablo», pero al mismo tiempo somos muchos los que apoyamos los cambios positivos que comienzan a vislumbrarse con los distintos gobiernos que respetan la libertad y la propiedad privada. 

La pobreza, la indigencia, la inseguridad, el narcotráfico, la inflación, y la baja calidad educativa, son apenas algunos segmentos de medición que nos obligan a repensar y recalcular las estrategias implementadas muchos años por los sectores progresistas y socialistas. 

Años atrás, América Latina abrió los ojos ante Chile, un pueblo inteligente que rechazó de manera muy contundente la posibilidad de sustituir la República por un Estado plurinacional. Argentina no puede caminar por la cornisa, del mismo modo que lo hizo nuestro país vecino. quedando a centímetros de caer bajo las garras del comunismo y el autoritarismo. Argentina no puede retroceder, no debemos claudicar ante los pesimistas que se asustan con una variable económica o un error no forzado. Argentina debe continuar por el camino de la libertad, por el camino del nuevo orden mundial capitalista y por el sendero de la seguridad lograda a base de mucho esfuerzo.

En Argentina es momento de accionar, de rascar la superficie sin miedo y enfrentar la realidad. Debemos retomar el camino de la razonabilidad, la necesidad de un cambio cultural sostenido, muy profundo, un capitalismo moderno que incentive la producción, la generación de riqueza y el empleo, pero fundamentalmente que no ponga en dudas y asimile a la propiedad privada como un derecho inherente a la libertad. Ni los brujos setentistas, ni la izquierda disfrazada, a todos ellos les decimos nunca más.

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