La canción, incluida en el álbum «Little Creatures» (1985), está inspirada en una joven que conoció David Byrne en los ’70.
David Byrne conoció, en la escuela secundaria, a una chica hippie de Baltimore a la que le encantaba tumbarse en el césped junto a una fábrica de Yoo-Hoo después de tomar LSD. Ella le dijo que se sentía como si volara fuera de su cuerpo, libre y ligera, elevada por encima de la ciudad industrial.
«De alguna manera, esa imagen parecía apropiada: la fábrica de comida chatarra y esta joven alucinando y mirando al cielo», contó Byrne.
Byrne tomó esa imagen y la convirtió en una metáfora en la que el narrador permanece con los pies en la tierra, asombrado y enamorado, pero incapaz de seguirla verdaderamente.
«Pero no era una canción sobre drogas en absoluto, y no creo que la gente la interpretara así. Creo que da la impresión de una experiencia espiritual o emocional, instantánea y espontánea. Lo sublime puede surgir de lo ridículo.», señaló el músico.
La canción tiene un ritmo ligero y alegre, pero la letra enfatiza la tensión entre los soñadores y los que permanecen con los pies en la tierra.
La letra también satiriza las afirmaciones de algunos yoguis en los años 70 sobre la capacidad de levitar a través de la meditación.

