En el complejo escenario económico actual, signado por una profunda caída del consumo y un aumento del desempleo, se vuelve imperioso proponer herramientas alternativas que dinamicen el mercado interno sin asfixiar al sector productivo. Una iniciativa sumamente lúcida, surgida en la columna dominical del periodista Marcos Cicchirilo, propuesta por exitoso empresario rosarino, plantea un camino viable: incrementar el salario real de los trabajadores mediante una reducción transitoria de los aportes personales, estimulando la demanda sin alterar la estructura de costos de las empresas.
Alivio en el bolsillo, costo cero para la empresa
La diferencia entre el sueldo bruto y el neto está determinada por las retenciones destinadas a la seguridad social, obras sociales y cuotas sindicales, a lo que se suma el impacto del Impuesto a las Ganancias. Por su parte, los empleadores ya afrontan una pesada carga en concepto de contribuciones patronales y ART. La propuesta consistiría en implementar una medida de emergencia por un período de 180 días (prorrogable por un lapso equivalente), reduciendo el aporte previsional personal actual del 11% a la mitad 5,5%. La condición indispensable es que ese porcentaje liberado se traslade de forma directa al salario neto. Esto significaría un incremento real y automático del 5,5% en el poder adquisitivo, sin que las empresas deban afrontar mayores costos laborales.
Sustentabilidad y el mito inflacionario
Ante una iniciativa de esta magnitud, surgen dos interrogantes centrales: el desfinanciamiento previsional y el riesgo de un traslado a la inflación. Respecto al sistema previsional —basado en el reparto y el pacto intergeneracional—, es evidente que una reducción de esta naturaleza no puede ser permanente. Sin embargo, al ser un mecanismo acotado en el tiempo, el costo fiscal para el Estado no sería pleno. Existe un claro efecto de recupero: el aumento del salario real se vuelca de manera inmediata al consumo, lo que genera una mayor recaudación mediante el IVA y el Impuesto al Cheque. El 11% de IVA y 100% del impuesto al cheque financia el Sistema Previsional. Por otro lado, en un contexto de fuerte contracción económica, donde las tarifas públicas ya han sido sinceradas y la actividad opera con capacidad ociosa, una inyección de esta naturaleza no debería actuar como un factor inflacionario. No se trata de emisión descontrolada, sino de una redistribución inteligente de los recursos para reactivar la rueda de la producción local y el desarrollo de nuestras empresas.
Conclusión
Para potenciar la efectividad de este ingreso adicional disponible, considero que el monto debería quedar estrictamente exceptuado del Impuesto a las Ganancias. En la actualidad, el mínimo no imponible golpea a trabajadores desde los 3 millones de pesos brutos (solteros) y 3,49 millones (casados con dos hijos), lo que neutralizaría el espíritu reactivador de la norma. No se trata de una idea propia, sino de un aporte valioso abierto a debate. En momentos de crisis, la creatividad técnica enfocada en la producción y el desarrollo debe primar sobre el inmovilismo burocrático.
