SIN CRÉDITO PRIVADO NO HAY CAPITALISMO: LA ENCRUCIJADA DEL FINANCIAMIENTO 

La dinámica reciente del sistema financiero argentino vuelve a poner en el centro del debate una cuestión clave para la actividad económica, cómo se distribuye la liquidez disponible y qué impacto tiene esa distribución sobre el costo del crédito para empresas y familias. 

En las últimas licitaciones, el Tesoro Nacional captó cerca de $12 billones frente a vencimientos por $8 billones logrando un rollover del 144%, absorbiendo del mercado $4 billones de más de los vencimientos que necesitaba refinanciar. La estrategia buscó contener las tensiones cambiarias y ordenar el mercado de pesos, pero tuvo un efecto colateral, al retirar una cantidad significativa de liquidez, aumentó la competencia por los fondos disponibles y se encareció el dinero de corto plazo. En menos de dos semanas, la tasa de caución interbancaria a un día pasó del 32% al 48% anual, mientras que el costo del financiamiento productivo llegó a niveles cercanos al 65% TNA. 

La consecuencia es una paradoja que merece especial atención, mientras el Estado busca absorber pesos para administrar sus necesidades financieras y cambiarias, las empresas necesitan esos mismos recursos para financiar capital de trabajo, inversión y producción. 

Cuando los títulos públicos ofrecen rendimientos atractivos y con menor riesgo que el crédito privado, los bancos tienen incentivos para orientar sus fondos hacia la deuda soberana antes que hacia empresas y familias. Es el denominado crowding out, es decir, el Estado termina compitiendo con el sector privado por el financiamiento disponible. 

Ante la restricción de liquidez que comenzó a afectar al circuito financiero, el propio Tesoro debió intervenir nuevamente. Para aliviar la presión sobre las tasas, instrumentó una reinyección de aproximadamente $2,8 billones mediante depósitos a plazo en bancos comerciales. Esta operatoria fue caracterizada como una suerte de “puerta giratoria monetaria” donde, primero se absorben pesos del mercado a través de las colocaciones de deuda y, posteriormente, se vuelve a inyectar liquidez para evitar que la escasez de fondos termine paralizando el funcionamiento del sistema. 

El verdadero desafío 

Pero estas intervenciones de corto plazo no resuelven el problema de fondo. El verdadero desafío es reconstruir un sistema financiero capaz de canalizar el ahorro hacia la economía real. En Argentina, el crédito al sector privado equivale aproximadamente al 12% del PBI, frente a un promedio cercano al 50% en la región y superior al 110% en las economías desarrolladas. En otras palabras, el problema argentino no es solamente el nivel de las tasas, es también la escasa profundidad del crédito privado. 

El documento del Departamento de Economía de FECOI plantea cinco líneas de acción centrales para reducir de manera sostenida el costo del financiamiento y ampliar el crédito. 

Normalizar los encajes 

Una primera condición para recuperar el crédito es revisar el nivel de encajes bancarios. Actualmente, las entidades deben inmovilizar en el Banco Central hasta el 45% de los depósitos a la vista, un porcentaje muy superior al de otros países de la región como el 20% que fija Brasil, el 10% en México y el 6% en Perú. 

La propuesta consiste en establecer un cronograma de reducción progresiva del efectivo mínimo, desde el 45% actual hacia un nivel intermedio, una reducción de entre 3 y 5 puntos porcentuales podría liberar, según las estimaciones incluidas en el documento, alrededor de $1,5 billones hacia la economía real. 

Pero la reducción no debería limitarse a liberar liquidez, el planteo es que esa mayor disponibilidad de fondos esté vinculada a un aumento efectivo del crédito privado, de manera que los recursos lleguen a empresas y familias. 

Coordinar la política fiscal y monetaria 

La segunda pieza es la coordinación entre la política fiscal y la monetaria. Si el Tesoro continúa absorbiendo sistemáticamente más recursos de los que necesita para refinanciar sus vencimientos, puede profundizarse el desplazamiento del sector privado. Por eso, el documento propone limitar las sobre-adjudicaciones del Tesoro a un máximo de entre 105% y 110% en las licitaciones ordinarias. El objetivo es evitar que la colocación masiva de deuda a tasas elevadas termine “secando” la plaza interbancaria y desincentivando el crédito a las empresas. 

Alineación de la curva de rendimientos 

También resulta necesario alinear la estructura de rendimientos. Si las LECAP y otros instrumentos públicos ofrecen tasas, entre 28,5% y 32%, significativamente superiores a las alternativas privadas, el sistema bancario seguirá teniendo incentivos para privilegiar la deuda del Estado. La recuperación del crédito exige, por lo tanto, una arquitectura en la que financiar al sector privado vuelva a ser una alternativa competitiva. 

Bajar el costo del crédito para familias y consumidores 

La segunda línea de acción apunta directamente al elevado spread bancario. Actualmente, mientras la BADLAR se ubica en torno al 21%-22% TNA, los préstamos personales rondan el 66% TNA. La diferencia alcanza aproximadamente 2,8 veces, uno de los niveles más elevados de los últimos años. 

Reducir esta brecha es fundamental para que la recuperación del crédito para las empresas, y especialmente para las PyMEs. El objetivo planteado es llevar el spread hacia niveles históricos más moderados, inferiores a 1,5 veces. 

El crédito productivo como condición para invertir y crecer 

Es probablemente la dimensión más importante para el crecimiento de largo plazo, lograr que el sistema financiero vuelva a financiar inversión y producción. 

Las PyMEs en argentina representan alrededor del 70% del empleo privado, pero acceden a menos del 22% del crédito bancario total. Esta brecha muestra que el problema no es únicamente financiero sino también productivo. Una economía en la que las empresas tienen dificultades para financiarse encuentra límites concretos para aumentar su productividad y generar empleo. 

El economista de FECOI, Lic. Gabriel Pogliani, afirmó que “quienes tienen una importancia decisiva en la generación de empleo y actividad económica son, precisamente, quienes enfrentan mayores restricciones para financiarse”. 

El documento propone ampliar las Líneas de Crédito de Inversión Productiva vigentes en el país, orientadas a PyMEs y grandes empresas a través de la banca pública y programas provinciales o nacionales. Pero para que el crédito llegue efectivamente a las PyMEs también es necesario reducir el riesgo que enfrentan las entidades financieras. La propuesta consiste en potenciar FOGAR y las SGR, incrementando por ejemplo la cubertura hasta el 80% del riesgo crediticio de las operaciones PyMEs. 

El desafío es que los pesos lleguen a la economía real 

Una economía de mercado necesita ahorro, bancos y mercados de capitales que canalicen recursos hacia quienes producen, invierten y consumen. Si el Estado ofrece rendimientos que hacen más atractivo financiar deuda pública que asumir el riesgo de financiar empresas, el sistema puede terminar generando una paradoja, existen recursos financieros, pero escasea el crédito productivo. 

Por eso, para las PyMEs, una política de normalización monetaria debería encontrar un equilibrio entre estabilidad, liquidez y una estrategia explícita de reconstrucción del crédito privado. 

Reducir encajes, moderar el desplazamiento provocado por las colocaciones del Tesoro, disminuir el spread bancario, fortalecer las garantías y establecer incentivos para la inversión no son medidas aisladas, sino que forman parte de una misma agenda.

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