El fútbol como medio, no como fin

Durante muchos años entendí el fútbol principalmente desde la competencia. Había que entrenar para mejorar. Formar equipos para competir. Y competir para ganar. Esa dimensión es parte esencial del juego y no debemos negarla. Sin embargo, mi recorrido como futbolista, entrenador y director me permitió comprender algo más profundo: el fútbol puede ser un extraordinario espacio de formación, pero solo cuando somos capaces de mirar más allá del resultado.

Una minoría de los niños y jóvenes que transitan las divisiones inferiores llegará al fútbol profesional. Entonces, ¿qué sucederá con todos los demás? Esa pregunta debería interpelar a cada entrenador, familia y dirigente. Si el único propósito del proceso formativo fuera producir jugadores profesionales, dejaríamos afuera a la enorme mayoría. En cambio, cuando entendemos el fútbol como un medio, cada entrenamiento, cada partido y cada relación se convierte en una oportunidad para formar personas.  

Formar integralmente a un futbolista significa acompañar su crecimiento técnico, táctico, físico, cognitivo, emocional y humano. Representa enseñarle a interpretar el juego y tomar decisiones. Pero también a convivir, respetar, esforzarse, asumir responsabilidades y comprender que forma parte de algo más grande que él mismo.

El equipo nos enfrenta permanentemente con la necesidad de colaborar, escuchar, ayudar al compañero y poner el bien colectivo por encima del interés individual.

Esto no significa abandonar la competencia ni quitarle importancia a ganar. Formar y competir no son caminos opuestos. El verdadero desafío consiste en enseñar a competir sin perder de vista a la persona. Podemos buscar la excelencia, exigir compromiso y querer ganar, pero sin convertir el resultado en la única medida del aprendizaje. En las etapas formativas, el marcador cuenta una parte de la historia; la evolución del jugador y la huella que deja el proceso cuentan la parte más importante.

Por eso, el fútbol es un medio, no un fin. Es una herramienta poderosa para desarrollar futbolistas inteligentes. También personas íntegras y equipos capaces de crecer como uno. Los títulos, los goles y las victorias ocupan un lugar importante, claro está. No obstante, con el tiempo pueden quedar atrás. Lo que verdaderamente permanece es aquello que cada jugador aprendió, las relaciones que construyó y la persona en la que logró convertirse.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *