SHIMA UTA / THE BOOM

La canción, un sencillo de 1992, está inspirada en la tragedia de la Batalla de Okinawa en la Segunda Guerra Mundial.

En 1992, Kazufumi Miyazawa, vocalista de The Boom, visitó Okinawa para una sesión de fotos. Allí visitó museos y monumentos sobre la Batalla de Okinawa en la Segunda Guerra Mundial, incluyendo los horrores vividos por los civiles y el batallón de enfermeras estudiantiles (Himeyuri) que quedaron atrapadas en cuevas.

La batalla de Okinawa, cuyo nombre en clave fue Operación Iceberg, se libró en la isla de Okinawa, en las Islas Ryukyu sobre finales de la Segunda Guerra Mundial. Fue el mayor asalto anfibio en el denominado “Teatro de Operaciones del Pacífico”.​​ Se combatió durante 82 días, desde principios de abril hasta mediados de junio de 1945.

Las pérdidas de EE.UU. fueron más de 50.000 soldados, de los cuales más de 12.000 murieron o fueron dados por desaparecidos. Esto hizo que fuera la batalla más sangrienta de las fuerzas estadounidenses en la guerra del Pacífico. Por el lado de Japón las bajas fueron de más de 107.000 muertos y se capturaron unos 7.400 combatientes. Algunos de los soldados se suicidaron siguiendo el ritual seppuku, o se inmolaron al estallar las granadas de mano que portaban. Se calcula que un número elevado de soldados japoneses pudieron perecer dentro de las cuevas, cuando los estadounidenses las sellaban, tal y como paso con el grupo de enfermeras estudiantiles (Himeyuri). Las pérdidas civiles en la campaña de Okinawa, siendo la gran mayoría indígenas, se calculan entre 42.000 y 150.000 muertos (más de 100.000 según la Prefectura de Okinawa). La cifra que barajó el ejército estadounidense fue de 142.058 víctimas civiles, incluyendo a aquellos que murieron por fuego de artillería, ataques aéreos y al servicio del Ejército Imperial Japonés.

Conmovido por esta historia de dolor y supervivencia, Miyazawa escribió la canción que mezcla el pop/rock moderno con instrumentos y escalas musicales tradicionales de Okinawa. La letra es un ruego por la paz y la memoria, utilizando metáforas de la naturaleza local.

Aunque la canción original fue un éxito masivo en Japón, su historia tomó un giro inesperado en Argentina cuando el actor y músico Alfredo Casero decidió versionarla en su disco “Casaerius” (2001).

Casero no hablaba japonés, por lo que aprendió la letra fonéticamente y le imprimió una profunda carga emocional. Contra todo pronóstico comercial, en medio de la crisis social y económica argentina de 2001, la canción se volvió un himno. Su éxito fue tan arrollador que Casero ganó tres Premios Gardel y fue invitado a cantarla en el Mundial de Fútbol de Corea/Japón 2002 ante 40.000 personas en el Estadio del Gran Ojo de Ōita de Japón. Si bien “Shima Uta” no fue la canción oficial en ese Mundial de Futbol los nipones la adoptaron como tal. La canción se hizo inmensamente famosa a nivel global y desde ese momento unió profundamente a Japón y Argentina.

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