La canción, incluida en el álbum “Iowa” (2001), está inspirada en el intento de suicido de Corey Taylor.
El vocalista Corey Taylor reveló que la letra aborda su último intento de suicidio a los 17 años y el dolor tras descubrir una traición amorosa extrema, marcando el fin de su antigua vida.
«Se trata de la última vez que intenté suicidarme y, más concretamente, del primer día en que comprendí el sentido de la vida. Se trata del último día de una vida que no quiero recordar y del primer día de la vida que estoy viviendo ahora mismo», contó Taylor.
Cuando le preguntaron por qué quería suicidarse, Taylor respondió: «¿Por qué querría suicidarse un chico de 17 años? ¡Por una chica, claro! Pensaba que ella era lo máximo y, a esa edad, las emociones no te dejan ni pensar en la realidad. Estaba pasando por un momento muy, muy doloroso. Me hice 31 cortes en el brazo, me tomé un frasco de pastillas y un amigo me encontró y me llevó al hospital. Por suerte, los cortes no fueron muy profundos, pero aún tengo las cicatrices. Me hicieron un lavado de estómago, que fue una experiencia horrible, que no le deseo a nadie. Te hacen beber algo que sabe a sirope de arce, por eso no puedo comer tortitas en mi vida, que te provoca vómitos incontrolables. Luego vomitas todo lo que has comido durante la última semana y después te dan una porquería que sabe a carbón líquido para calmarte el estómago.»
Corey tuvo una vida muy dura marcada por una infancia turbulenta y traumática, mudándose con frecuencia con su madre y sin rastro de su padre. Cayó en las drogas y sufrió abusos sexuales por parte de un chico mayor.

