Ruben, un privilegio en la sombra de la nostalgia 

La estadía de Marco Ruben en Arroyito está pasando desapercibida. El aporte deportivo es nulo. El regreso fue anunciado con marcada esperanza en febrero pasado. Todos esperaban otro presente. Mientras tanto, el atacante de Central sigue mirando los partidos desde afuera. Sea por el torneo local como por la Copa Libertadores. Goza de un privilegio por lo cosechado en su momento, mientras transita en la sombra de la inactividad.

El fútbol exige rendimiento constante como además un compromiso renovado. El caso Ruben es llamativo. Sorprendente. Su currículum y pasado parecen haberle otorgado un estatus afortunado.  

El máximo goleador en la historia profesional de Central con 106 goles decidió volver a vestir la camiseta auriazul tras 14 meses de una segunda retirada que, en su momento, parecía definitiva. 

La ilusión generada por su retorno fue palpable en la hinchada, especialmente porque la expectativa era que su presencia aportará al equipo en la exigente competencia de la Copa Libertadores, donde compartiría cartel con figuras de la talla de Ángel Di María. 

La realidad dista mucho de ese sueño. El delantero no fue convocado para ningún partido copero. Su única participación, si así puede llamarse, fue en el banco durante la victoria contra Newell’s en un partido en el que Fideo Di María anotó un gol decisivo estando lesionado.

Marco pasa más tiempo en las tribunas o viendo los partidos por televisión que en el campo de juego. Ni la campaña para promover el consumo de la camiseta con el número 29 (la que tiene asignada) fue productiva. 

Está claro que esa chispa, que en un principio parecía encenderse con fervor, se fue apagando. El dato que más revela la desconexión entre la historia y la realidad es que su último partido oficial data del 14 de diciembre de 2024, en una victoria sobre Belgrano. 

A eso hay que sumarle que la ausencia de información sobre su estado físico o su adaptación al ritmo competitivo refuerza la sensación de que su incorporación responde más a una cuestión de nostalgia o de imagen que a una necesidad real del equipo.

Claro que el entrenador Jorge Almirón también es partícipe de esta paradoja. La decisión de incluir a Ruben en el plantel resulta cuestionable desde lo racional. Las palabras de Ruben, quien afirmó “No es una vuelta. Nunca me fui”, parecen más en estos momentos un acto de autoconvencimiento que una realidad palpable. 

No cabe duda de que hay una percepción generalizada en la comunidad canalla, pese a que nadie quiera exteriorizar: su retorno está resultando ser más simbólico que funcional. Todavía restan algunos partidos para ver si puede jugar. Habrá que ver si podrá hacerlo. Luego se verá cómo le fue.

Pero la nostalgia y el reconocimiento por un pasado brillante no justifican una participación que, en la práctica, solo diluye los valores de la institución. Los ídolos son recordados con honor, no por privilegios. Por eso es que Angel Zof, Omar Palma y el Patón Bauza ocupan el podio generacional. 

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