El monotributo nació con una idea sencilla: simplificar las obligaciones tributarias de los pequeños contribuyentes. Es un régimen integrado que reúne en un único pago mensual componentes vinculados con Ganancias, IVA, Seguridad Social y Obra Social.
También es un régimen gradual: el contribuyente paga de acuerdo con una escala de categorías que va de la A a la K, determinadas fundamentalmente por el nivel de ingresos y otros parámetros, como el consumo de energía eléctrica y los alquileres devengados.
Hoy alrededor de 4,5 millones de trabajadores están adheridos al monotributo y más del 70% se concentra en las categorías A, B y C. El régimen alcanza a quienes facturan hasta $126 millones anuales y establece, además, determinados límites y exclusiones para actividades e ingresos específicos.
Ahora bien: ¿el monotributo es caro o barato?
La respuesta depende de la categoría en la que se encuentre cada contribuyente. En las categorías más bajas, la carga sobre los ingresos resulta relativamente reducida. La categoría A representa aproximadamente el 0,55% de los ingresos, la B el 0,7% y la C el 0,88%. En estos casos, estamos hablando de una carga que no llega al 1% de los ingresos.
Pero la situación cambia a medida que se avanza en la escala. En las categorías más altas, la incidencia puede crecer de manera significativa, hasta alcanzar porcentajes que rondan el 12% de los ingresos. Es menester aclarar, que los cálculos se realizan sobre el componente tributario de la cuota única e integrada. No se analizan los componentes de obra social y previsional.
Por eso, no existe una única respuesta para todos los monotributistas. El mismo régimen puede resultar accesible para un contribuyente de las categorías más bajas y mucho más oneroso para quienes se encuentran en las categorías superiores.
Todos los países cuentan con algún tipo de régimen simplificado para pequeños contribuyentes. El problema aparece cuando un sistema que fue pensado para simplificar termina acumulando cada vez más complejidad y carga tributaria.
En Argentina, esta discusión suele quedar relegada frente a otros impuestos que tienen mayor visibilidad pública. El monotributista, en cambio, muchas veces enfrenta estas obligaciones de manera individual, sin el mismo nivel de representación o capacidad de discusión que existe alrededor de otros tributos, como impuesto a los ingresos brutos, créditos y débitos bancarios, derechos de exportación.
La pregunta, entonces, no es solamente cuánto se paga de monotributo. También es necesario preguntarse si un régimen creado para simplificar la vida de los pequeños contribuyentes está cumpliendo realmente con ese objetivo.
