EL DESAFÍO ES VOLVER A CRECER SIN DESTRUIR EMPRESAS

Argentina logró avanzar en un proceso que durante años parecía difícil de alcanzar: ordenar las cuentas públicas y desacelerar la inflación. Es un cambio profundo y necesario. Pero mientras la macroeconomía se estabiliza, comienza a aparecer una pregunta inevitable: ¿qué está pasando con la economía real?

Los datos muestran una Argentina a dos velocidades. Mientras los sectores vinculados a la generación de divisas y las grandes inversiones crecen con fuerza —Agroindustria +45%, Energía +18,5% y Minería+15,7%—, actividades mucho más intensivas en empleo enfrentan una realidad diferente: la Industria Manufacturera cayó 9,5%, la Construcción 14,2% y el Comercio 4,9%.

El resultado es significativo: se perdieron más de 217.000 empleos asalariados formales registrados y cerraron aproximadamente 31.500 empresas empleadoras, equivalentes al 6,3% del entramado PyME nacional.

El problema es que una empresa que cierra no vuelve a abrir automáticamente cuando cambian las condiciones. Una máquina que se vende como chatarra no reaparece cuando vuelve la demanda, un proveedor que desaparece no se reconstruye en pocos meses y un trabajador especializado no puede trasladar décadas de experiencia industrial hacia sectores como la minería, la energía o el software.

Según informes elaborados por FECOI, el pasaje de un empleo industrial formal hacia la informalidad o el cuentapropismo puede representar una pérdida de entre 30% y 50% del ingreso familiar real. Para una empresa, cerrar o reconvertir una planta puede implicar liquidar pasivos que absorben entre 20% y35% del patrimonio neto.

A esto se suma el impacto de la apertura comercial. Las estadísticas oficiales registran la incorporación de más de 4.900 empresas importadoras en rubros de consumo final. La apertura puede mejorar la oferta y reducir costos, pero el desafío aparece cuando la sustitución de producción nacional por importaciones no es acompañada por nuevas actividades de mayor productividad capaces de absorber a los trabajadores desplazados.

Agroindustria, Energía y Minería son sectores estratégicos para el futuro argentino, pero son intensivos en capital y tienen una capacidad limitada para absorber grandes cantidades de mano de obra. En conjunto generaron cerca de 38.500 nuevos puestos de trabajo formales, una cifra insuficiente frente a los empleos perdidos en sectores más intensivos en trabajo.

Por eso, la discusión no debería plantearse como una elección entre minería o industria, exportaciones o mercado interno, eficiencia o protección. El verdadero desafío es lograr que los sectores que generan divisas crezcan y, al mismo tiempo, traccionen al resto del entramado productivo.

Una agenda para que las PyMEs puedan adaptarse

Desde FECOI no se propone sostener artificialmente empresas inviables ni volver a una estructura productiva del pasado. Se plantea algo más simple: que las empresas que pueden sobrevivir, invertir y generar empleo tengan condiciones para hacerlo.2

La agenda incluye medidas concretas: suspender durante un año nuevos juicios de ejecución fiscal y medidas cautelares para empresas que mantengan al menos el 90% de su nómina; limitar los embargos bancarios al monto reclamado más un 15% para costas; implementar una moratoria excepcional para Micro y Pequeñas empresas, con hasta 96 cuotas y seis meses de gracia.

También se propone una estructura tributaria diferenciada, con alícuotas de Ganancias del 20% para Micro y Pequeñas empresas, 25% para Medianas Tramo 1 y 30% para Medianas Tramo 2, junto con una reducción gradual del Impuesto a los Débitos y Créditos y la exclusión de las PyMEs de determinados regímenes de retenciones y percepciones.

En materia laboral, la propuesta contempla reducciones escalonadas de contribuciones patronales para nuevos puestos de trabajo: 100% para jóvenes de 18 a 25 años, 75% para trabajadores de 25 a 30 y50% para quienes tienen entre 30 y 40 años.

Pero ninguna reconversión productiva será posible sin financiamiento. Por eso FECOI plantea recuperar el Cupo MiPyME en los encajes bancarios, implementar una Carpeta Crediticia Única y desarrollar líneas de inversión a 36 meses respaldadas por FOGAR y las SGR.

Finalmente, las grandes inversiones en energía, minería e infraestructura deben convertirse también en una oportunidad para los proveedores locales. Para eso, el Estado y las grandes empresas deberían pagar las facturas de las PyMEs en un plazo máximo de 30 días, mientras que los saldos técnicos de IVA deberían poder recuperarse en un máximo de 60 días.

Argentina necesita estabilidad macroeconómica, inversión, productividad y nuevas exportaciones. Pero también necesita preservar las empresas, los empleos y las capacidades productivas que serán indispensables para construir esa nueva economía.

La estabilidad no puede ser el punto de llegada. Tiene que convertirse en el punto de partida para volver a crecer.

Porque una economía puede estabilizarse cerrando empresas. Pero un país no se desarrolla cerrando empresas.

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