La muerte del policía Eduardo Damián López tras los incidentes en el partido de Liga Cañadense despertó una ola de conmoción en la sociedad. También expuso al sistema. Es fácil lavar la culpa en el otro argumentando que no son hinchas, sino asesinos. También castigando al club. La realidad indica que la violencia en las diferentes ligas no es un fenómeno que pueda resolverse solo con represión o condena. Menos con declaraciones mediáticas. Es un problema sistémico que revela las fallas existentes en la gestión y también en la cultura colectiva que lo sustenta. No hay que ser un erudito en materia de seguridad nacional e internacional para certificar que cuando hay una víctima es porque la prevención falló.
La violencia en el fútbol, sea profesional o amateur, es una crisis que revela fallas sistémicas. Además marca la necesidad de una reflexión profunda entre todos los actores.
Pero hay algo incuestionable.Todos desean evitar que estas tragedias se repitan y que la pasión por el fútbol no se convierta en una fuente de sufrimiento y destrucción de familias como pasó recientemente en la final de la Liga Cañadense entre el Club Atlético Carcarañá y Sportivo Las Parejas. .
Sin embargo, detrás de los discursos oficiales y las siempre promesas de justicia, emerge una realidad mucho más compleja como la violencia en las diferentes ligas, sea del ámbito local como regional y provincial.
Porque la muerte del policía Damián López no debe tratarse como un fenómeno aislado, menos como un problema de individuos agresivos. Se trató también de una manifestación de fallas estructurales en la prevención y gestión del orden público en eventos deportivos.
Sin embargo, las declaraciones públicas de algunos funcionarios parecieron más centrarse en la racional necesidad de capturar a los responsables y en la firmeza del Estado para castigar a los «salvajes», que ver hacer una mea culpa ante la sociedad.
Bajo este panorama, Federico Angelini prometió “ir hasta las últimas consecuencias”, reafirmando el respaldo a las fuerzas de seguridad y calificando a los agresores como “salvajes”.
Si bien las palabras del flamante secretario de Gestión Institucional del Ministerio de Justicia y Seguridad de Santa Fe buscaron transmitir una sensación de firmeza y control, lo cierto es que para la simple comunidad se trató también de desviar la atención de un problema mucho más profundo como es la falla las medidas preventivas y la falta de una estrategia integral para evitar estos tipos de episodios violentos. La gente quiere respuestas concretas. No palabras de tinte electoral.
Mientras tanto, el coordinador de Seguridad Deportiva, Gustavo Velázquez, y el secretario de Seguridad, Omar Pereyra, reconocieron que la violencia no es un fenómeno puntual sino recurrente en distintas ligas del interior provincial.
No obstante, ninguno hizo eje en las causas estructurales que alimentan esta problemática. Fue más diplomático señalar que “hay violencia en todas las ligas”, cuando la sociedad espera por propuestas concretas. La muerte del joven Eduardo Damián López (35 años y padre de dos chicos) puso sobre una vez más sobre la mesa que estamos ante un sistema que falla en su prevención y frente a una sociedad que se mal acostumbró a normalizar estos tipos de repudiables actos vandálicos.
