Comi, un referente que se fue de la política para no volver

El ex diputado nacional disfruta de su emprendimiento gastronómico y aseguró: “A los 60 años no siento ni me motiva volver a la política”

Carlos Comi fue un referente del radicalismo rosarino. Desarrolló una intensa actividad política desde diferentes roles. Fue electo concejal, también diputado nacional y también desempeñó funciones en la gestión pública. Pero a diferencia de tantos que buscan perpetuarse en los cargos, el ahora emprendedor gastronómico se fue alejando sin estridencias.

“Sí, me fui yendo. También la política me fue corriendo. Fue un proceso de varios años donde, bueno, ayudé en algunos años de Pablo (Javkin) en algunas responsabilidades, pero no tenía la visibilidad que había tenido en el tiempo anterior. Y después es como que uno va asumiendo nuevos desafíos personales, reflexionando mucho sobre el país, sobre la política, sobre la vida, sobre los años que uno va pasando, y bueno, creo que ahora estoy donde quiero estar, haciendo otras cosas, colaborando si me lo piden”, aseguró Comi durante la entrevista con Hora Política, invitación que aseguró lo sorprendió.

–¿Por qué te sorprendió la invitación?

–Agradezco la invitación y sí, me sorprendió mucho, porque hace mucho tiempo que nadie me llamaba para pedirme una opinión, así que la verdad que lo agradezco, fue como un cariño al alma, al ego de uno, que siempre está, no podemos despojarnos de él. Pero bueno, estoy haciendo lo que quiero hacer.

– ¿Y cómo se ve la política desde afuera?

– Mal, muy mal, muy triste. Este es un momento muy triste de la política, de los partidos políticos, hasta de la condición humana. Podemos tener de alguna manera el consuelo y decir que no es solamente en la Argentina, que hay una forma de pensar que se abrió camino en el mundo, donde el odio es como una bandera, como un motor. Si antes la juventud era el motor de la historia, ahora parece ser el odio el motor de la historia. Entonces, el odio al otro, al diferente, al más pobre, al distinto, es lamentablemente lo que predomina. Y sabemos cuales son las consecuencias de esta ideología, o cómo termina, porque la Argentina lo ha vivido. Y la verdad que la política hoy es ser anti. Y yo nunca fui así. He tenido grandes amigos, colegas, legisladores en el peronismo, en el pro, obviamente en el radicalismo, que era mi origen, más allá de que cuando llegué a lugares importantes no estaba ya allí. Esto de que hay que odiar al otro no conduce a ningún lado. Y esconde una mediocridad.

– ¿Cómo se sale de esta mediocridad?

– Yo lo pienso a veces. ¿Cuánto hace que la política no le propone un debate importante a la sociedad, digamos, en la ciudad? Creo que el concejal, y no lo digo con nostalgia por el cargo, debe proponer y discutir  ideas, y que esas ideas generen polémicas y debates en la ciudad. La verdad que a mí me ha tocado tirar ideas que me cuestionaban y me apoyaban, y así otros concejales, ni hablar mejores que yo. Hoy es toda una chatura, o sea, estás a favor, estás en contra, estás en un bloque, estás en otro. ¿Pero cuánto hace que una idea no divide a la ciudad en un debate? Ni hablar en la provincia, donde la actividad legislativa desde Rosario siempre se vio de mucho más lejos, con menor intensidad, más allá de que hay algunos buenos diputados y algunos amigos. Y a nivel nacional no hay proyecto. La política es odio, es impulsar una agenda, como hace el presidente Milei, el resto oponerse. Bueno algunos se oponen, porque otros arreglan y punto. Y no hay ideas a futuro. En todo caso discutimos hacia atrás, o discuten hacia atrás los que discuten, que también hay que ver con quién lo discuten, ¿no? Porque está claro que la sociedad está como espectador, y en todo caso al momento de que se lo convoca vota por lo menos peor, por lo que menos miedo le da a esa emoción.

– Carlos, ¿dónde quedaron tus sueños cuando la democracia retornó con Alfonsín ?

– Muchos los hemos concretado, lo que pasa que este tiempo histórico a veces hasta los pone en duda. Yo soy de una generación marcada, o soy parte de una generación marcada por el retorno a la democracia, el año 83, 84, en mi caso el ingreso a la facultad, un presidente como Alfonsín, en el cual los jóvenes le creímos, lo seguimos, y bueno, teníamos ese sueño de la democracia eterna para el país. Eso se logró. Ahora, está claro que socialmente las respuestas hoy no están, y cada día el país es más injusto y cada día hay menos. Cuando venía para acá había un muchacho de unos 30 años tirado debajo de un árbol con una botella de una bebida alcohólica y lo primero que pensás es que no sale más. No hay una política en el país que pueda sacar a un joven que ya está derrumbado en su vida, en su cotidianeidad. Entonces, desde ese punto de vista, los sueños no solo no se han cumplido, sino que no se cumplirán porque lo peor es que ahora, en este tiempo histórico, llamemos los de Trump, de los Millei y de tantos otros, pareciera que hasta la misma democracia puede estar en riesgo. A mí me da terror, pavor, pero bueno, es un debate que hay que dar.

–¿También te pueden responder que del otro lado ya hicieron muy mal las cosas?

– Y es cierto. Del otro lado no existe un proyecto, no hay una propuesta de un país renovador, esperanzador, que busque nuevos dirigentes, jóvenes, jóvenes con liderazgo, con capacidad de gestión. Estamos dando vuelta como un perro mordiéndose la cola. Así es mucho más difícil todo.

Muchas de las críticas que reciben los políticos es  que nunca pagaron un sueldo. Hoy vos pagás sueldos en tus comercios. ¿Cómo está la cosa?

– Muy difícil, muy difícil. Y bueno, crecer en este contexto, obviamente que es difícil. A nosotros nos va bien. La gastronomía siempre está, hay que luchar por el sector que sigue yéndose, pudiéndose sentarse a comer algo. Pero en lo que vos decís, yo tengo una amistad muy grande con Eduardo Toniolli, al cual no solo lo quiero mucho, sino creo que es un gran dirigente político. Lo hago honrado siempre en los cargos en los que estuvo. Y lo llamo siempre en junio y diciembre para decirle explicame cómo pago los aguinaldos. Explicame cómo yo facturo un 50% más para pagar el aguinaldo. Y dice, el buen empresario lo puede hacer. Pero bueno, es parte de nuestro debate de amigos que por ahí solemos tener todavía.

Centralito es tu marca gastronómica y ahí mantenés un fluido contacto con la gente. ¿Disfrutas?

Me gusta mucho. Me gusta estar, me gusta hablar. Al rosarino le gusta cuando va a comer a un lugar que esté el dueño y conocerlo. Y tener una pequeño gesto con esa persona, no sé, un cafecito, una atención, creo que eso siempre suma y aparte van muchos amigos. O sea, que uno lo hace de corazón y muchos clientes van pasando ya a ser amigos. Porque bueno, es también lo nuestro, es medio como una cofradía ahí que se va armando. Pero disfruto de eso, lo disfruto mucho. Claramente es un vestigio de mi personalidad de dirigente que salía a hablar en la calle o en un barrio. Fue muy gracioso porque hicimos un discurso en relación a la injusticia de los 10 años del robo de la Copa Argentina de Central. Y bueno, me cargaban hasta mis empleados que no me conocen de esa época. Decían, vos sos un político, no terminaste nunca en ser político.

Carlos, ¿qué tiene que pasar para que se encienda de vuelta la llama por la política?

–No, yo no veo más la política en términos personales. Si existe como te decía antes un proyecto renovador y esperanzador, colaboraré desde afuera. Tengo mis amigos en la política. Pablo Javkin es mi amigo, lo va a ser toda la vida y se lo dije. Más allá de que no comparta algunas decisiones que ha tenido que tomar, aunque sé que de afuera se ve todo más fácil. Todo es ilusión menos el poder, había escrito Lenín en algún momento. Bueno, algo de eso debe haber. Pero yo en términos personales no veo mi regreso a la política. No lo siento. No me motiva. Quiero hacer otras cosas en mi vida. Ahora, si surge alguien, una cosa nueva, renovadora, como te digo, un proyecto. Hago lo que haya que hacer en infantería. Ayudo en la fiscalización, ayudo en volantear, ayudo en lo que sea. Pero personalmente, yo le he dado mucho a la política, la política me ha dado mucho a mí. He sido honrado con responsabilidad enorme. Tuve hasta el honor de ser diputado de la Nación. De representar al país en misiones internacionales. Un montón de cosas maravillosas que jamás me hubiera podido imaginar cuando tenía 10 años y era un pibe más de la ciudad. Entonces, lo mío ya está, tengo 60 años.

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