ORDEN Y MANDO ORGANIZACIONAL

Las drogas, el alcohol, los vicios, el juego, la esquina, la violencia y la falta de oportunidades han convertido a muchos jóvenes en descarte de la sociedad. Quizás por imprudencia, quizás por falta de voluntad, lo cierto es que tenemos la obligación de encontrar una respuesta a tan importante problema. 

El Servicio Cívico Rosario (SCR) es una propuesta para que 2.300 jóvenes rosarinos que hoy no estudian ni trabajan cobren una beca de un salario mínimo a cambio de recuperar la ciudad, volver a la escuela y hacer deporte.

En Rosario viven unos 260.000 jóvenes de entre 16 y 25 años. Se estima que entre 40.000 y 50.000 no estudian ni trabajan en blanco. Detrás de ese número hay pibes sin rumbo, barrios con espacios públicos destruidos y una política que hace años mira para otro lado mientras se reparte su propio presupuesto.

La pregunta no es si hay que hacer algo. La pregunta es de dónde sale el dinero para financiar un programa de esta magnitud. Y la respuesta está más cerca de lo que parece: en el propio Concejo Municipal. Hay que sacar la plata de la política y ponerla en los más jóvenes. Recuperar sus ganas de vivir, y que muchos dejen de ser gusanos despreciables que solo eligen el delito. Se trata de ordenar, se trata de conducir.

Qué es el Servicio Cívico Rosario

Es un programa voluntario para jóvenes de 16 a 25 años con residencia en la ciudad, sin alta en ningún colegio ni universidad y sin empleo registrado. Cobran una beca equivalente a un Salario Mínimo, Vital y Móvil ($383.800 a septiembre de 2026), que se actualiza sola porque está atada al SMVM.

A cambio, trabajan en cuadrillas limpiando y recuperando plazas, espacios verdes y la costanera; pintando escuelas y centros de salud; manteniendo veredas y mobiliario urbano; armando huertas comunitarias y dando una mano en eventos y operativos por tormentas. A trabajar se ha dicho.

Pero la beca no es un regalo. Para cobrar hay tres condiciones que se controlan todos los meses: ir y cumplir con las tareas asignadas, estar en la escuela, sea presencial o virtual y hacer deporte. Escuela y deporte, sin excusas

Quien tiene el secundario completo entra directo. Quien no lo terminó, tiene un mes para anotarse en FinEs o EEMPA. Sin inscripción, no cobra.

Además, todos tienen que acreditar práctica deportiva en un club, polideportivo municipal o liga barrial, mínimo dos veces por semana. Y acá hay un doble beneficio: los clubes de barrio certifican esa práctica y reciben un aporte municipal por cada joven inscripto. El programa también fortalece a las instituciones que sostienen el tejido social de los barrios.

Si no se cumple, hay advertencia. Si se repite, se suspende el pago. A la tercera, afuera. Advertencia, tarjeta amarilla y luego tarjeta roja. 

Orden, disciplina y oficio

El programa funciona desde los Centros Municipales de Distrito, con cuadrillas de 15 jóvenes y un coordinador / instructor cada una. Se toma asistencia, se canta el Himno Nacional Argentino, se plantea el objetivo diario, se arma la dinámica y se sale a trabajar. Siempre en contraturno escolar, y respetando la ley: los menores de 18 hacen hasta 3 horas, tres días por semana, sin horario nocturno ni tareas riesgosas.

No se trata solo de ocupar el tiempo. Se trata de que los jóvenes aprendan lo que muchos nunca tuvieron: una rutina, un lugar en una estructura, alguien que los espere y les exija. Disciplina, respeto, integridad, pasión y solidaridad. Tolerancia al fracaso, rigor, versatilidad.

Y que se lleven algo concreto: formación en oficios con certificado (pintura, electricidad básica, jardinería, construcción en seco) y una puerta al empleo, mediante convenios con empresas y cooperativas que tomen egresados a cambio de un incentivo en el DReI.

Los números

El presupuesto municipal 2026 prevé gastos por $1,23 billones. Si el Concejo se lleva el 2,44 %, estamos hablando de unos $30.000 millones aprox. La mitad, $15.000 millones al año, alcanza para 2.300 jóvenes, 150 jefes e instructores, más logística y operatividad. (Herramientas, vehículos, uniformes, equipos en general, seguros, etc.).

La decisión es política

El recorte lo tiene que votar el propio Concejo. Para no depender de una sola votación, se suman fuentes complementarias: reasignación de partidas de mantenimiento urbano y cofinanciamiento provincial.

Rosario tiene que decidir qué quiere financiar: una estructura política que cuesta miles de millones por año, o miles de jóvenes trabajando para la estética de la ciudad, terminando el secundario y aprendiendo un oficio. Cada plaza recuperada, cada escuela pintada y cada chico que vuelve al aula es una respuesta mejor que cualquier discurso.

La plata está. Falta la decisión, pero no tengan dudas que lo vamos a lograr.

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