Los hinchas siguen disfrutando del espectáculo en la platea. El teatro de la administración de clubes en nuestro país parece dispuesto a permanecer en cartelera por un largo tiempo. Cada institución ofrece su obra con un libreto puntual. Newell’s no es la excepción. En la reciente asamblea se expuso sobre las tablas de los socios, además de la aprobación del balance, la suspensión del expresidente Ignacio Astore, de la exsecretaria Sharon Romero y del extesorero Hernán Cardozo. Lo llamativo es que, pese a toda la documentación y números que dejaron los exdirectivos en rojo y negro literal, se decidió que solo habrá un sumario administrativo en una clara señal de que todo podría quedar en la nada misma.
Todo parece más un gesto simbólico que una medida verdaderamente eficaz. Nadie quiere ir a la justicia. Nadie quiere ir contra la AFA. La gestión de Astore fue una de las administraciones más oscuras en cuanto a transparencia administrativa y deportiva.
Sin embargo, el alto grado de improvisación parece ser el verdadero deporte nacional de algunas instituciones. Ni hablar cuando se trata de los responsables de llevar adelante la gestión deportiva.
El dilema de los hinchas es si reír o llorar cuando salen algunos trapitos a la luz. Como la suspensión de Astore, Romero y Cardozo. No debería ser sorpresa si los llevaban a la justicia. Pero este es un trío que, a esta altura, podría protagonizar su propio reality show.
Lo concreto es que estos tres exdirectivos perdieron la credibilidad del pueblo rojinegro por méritos propios. Así lo avalan los informes del balance y auditoría interna realizada por la actual conducción leprosa.
Pero hay otro dato que es tragicómico. Con el toque magistral del clamor administrativo, se decidió que por el momento habrá solamente un sumario administrativo para ellos. Es un alivio para los involucrados porque nadie irá a la justicia. La gravedad de sus acciones cuando estuvieron al mando de Newell’s se diluyen como azúcar en café caliente.
Pero hay más. La gestión de Boero también es creativa. El club anunció la implementación de un nuevo organigrama de gestión desde el 1° de julio de este año. El flamante formato se presenta bajo cuatro ejes rectores, que suenan tan serios como resonantes.
Uno de ellos es recuperar la competitividad deportiva.Es objetivo es loable. Claro, siempre y cuando no se traduzca en la incorporación de jugadores cuyo currículum compita en calidad con el de un futbolista amateur o más apellidos de cabotaje.
Otro punto es reducir el déficit operativo. En la jerga callejera (a fin de cuenta es la realidad) se traduce como “deshacerse de legajos o personal con contratos temporales». También se plantea profesionalizar las áreas y la gestión de recursos. Y acá hay un punto que no pasa desapercibido.
La palabra «profesionalizar» tiene un sonar muy elegante. Ojalá eso no signifique que los nuevos gerentes deben cobrar sueldos estratosféricos como se comenta por los pasillos administrativos del club y en los diversos frentes políticos.
Mientras que otro tema saliente es digitalizar la gestión institucional. Este sí es un paso hacia el futuro que, curiosamente, no significa que toda la información que los socios e hinchas esperan, estén siempre disponibles.
Claro, después de todo, la actual era digital no impide que los operadores se mueven a diario o se hagan escuchar según las reglas de la conveniencia. Está a la vista que en este caso todo se cocina entre gestos simbólicos condimentados por el nuevo organigrama, que nutrirá a unos pocos, por cierto.
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