ANALFABETISMO SILENCIOSO EN LA ERA DE LA IA

En esta época de Inteligencia Artificial, Súper inteligencia o como pueda llamarse a futuro el inminente desarrollo y crecimiento de las nuevas tecnologías que invaden cada día nuestras vidas, es necesario que entre todos pensemos cual es la mejor manera de capacitar a los ciudadanos para acompañar el cambio, o quedarán definitivamente excluidos de los procesos y cambios que vendrán.

Durante muchas décadas, la bandera de la equidad, la justicia social, la movilidad social ascendente y el progreso se levantó enseñando a leer y escribir. Hoy, el analfabetismo es digital. Esta situación, de mantenerse,  significa dejar a millones de argentinos al margen de las habilidades tecnológicas básicas y condenarlos de por vida a la informalidad laboral, al subempleo, a engaños de todo tipo o a la dependencia absoluta y no me refiero sólo a los adultos mayores, sino que incluyo a los más jóvenes que aun estando familiarizados con el funcionamiento y utilización de las redes sociales, pueden estar sub informados con respecto  las cuestiones del funcionamiento de la tecnología.

La situación actual sugiere que existe una fragmentación intolerable entre 2 esferas de la sociedad. A – La esfera del privilegio técnico: Integrada por un sector dinámico y adecuadamente capacitado que investiga, desarrolla, produce y exporta sus servicios a todo el mundo, cobra en dólares y progresa a pasos agigantados y B – La esfera de la exclusión digital: Una mayoría trabajadora, de cuentapropistas, emprendedores y jóvenes entrampados en una economía precarizada porque nunca, nadie, les dio herramientas para involucrarse con una capacitación formal. En esta esfera ubicamos a la mayoría de las PyMEs que son quienes sostienen el nivel de empleo en cada rincón del país, pero no pueden modernizarse ni venderle al mundo porque no encuentran personal capacitado, mientras las personas que deberían estar en proceso constante de capacitación tecnológica (no me refiero a que deban cursar una carrera de ingeniería…), deben subsistir trabajando para alguna aplicación de entrega de paquetes a domicilio.

Hay algunas paradojas indignantes. Hasta 2022 las estadísticas oficiales sostenían que el 64% de los hogares tenía acceso a Internet. Hoy, esos datos oficiales indican que la penetración de internet en los hogares roza el 90%, claro, este es un dato impactante que dirigentes y funcionarios suelen festejar como un logro de inclusión. Pero la sociología del desarrollo nos demuestra otra cosa: “el acceso aislado a internet no genera empleo ni desarrollo”. Estar conectado para consumir entretenimiento en una red social no es lo mismo que estar capacitado para programar, gestionar una base de datos o administrar la producción, comercialización o las finanzas digitales de un negocio. Nos enfrentamos a una masa mayoritaria de ciudadanos que están hiperconectados, pero que son técnicamente analfabetos.

Esta desconexión estructural tiene un costo social altísimo. Mientras el sector de los Servicios Basados en el Conocimiento se consolida como uno de los principales complejos exportadores del país (desesperado por talento que no encuentra), “el empleo informal ya supera el 40% a nivel nacional”. No podemos soslayar que este último dato tiene su origen en el impacto que generan las políticas económicas implementadas en los últimos tiempos, como tampoco que la falta de capacitación adecuada condena a millones a la precarización. Para de todos los argentinos, la brecha nace en la base del sistema: los índices internacionales “Pruebas PISA”, advierten que la escuela pública argentina muestra niveles críticos en capacitación docente digital y acceso a software avanzado, además de matemática, Lectura y Ciencias en general, ensanchando la distancia entre los hijos de quienes pueden pagar educación privada y los que dependen de un Estado que los sigue educando para el siglo pasado.

Es imperativo que impulsemos una Revolución invisible porque la alfabetización digital es una deuda enorme que la política mantiene con los argentinos.

Para romper las cadenas del estancamiento y la pobreza estructural, la política argentina debe dejar de discutir el pasado, (si el motor del país es el Campo, la Industria o ahora Vaca Muerta, el Litio o las Tierras Raras…) y pensar en grande, e impulsar el desarrollo de este sector del conocimiento y lanzar con urgencia un “Programa de Alfabetización Tecnológica Integral”: El conocimiento digital hoy es el único motor real de movilidad social ascendente.

La verdadera soberanía de una nación en el siglo XXI no se defiende solo en las fronteras, sino en las aulas, en las fábricas y en las pantallas de cada hogar. Hoy, la falta de una política de Estado agresiva y masiva en educación digital se ha convertido en la fábrica de desigualdad más silenciosa y destructiva de la Argentina. Quien queda fuera del mundo tecnológico, queda afuera del sistema.

Durante décadas, la política entendió que  la inclusión social significaba asistencialismo, susidio o, en el mejor de los casos, como la entrega de computadoras. Pero un dispositivo sin formación es solo un pedazo de plástico y metal. En la Argentina actual, la brecha ya no es solo tener o no tener conectividad; la brecha es saber o no saber qué hacer con ella para generar ingresos, estudiar o defenderse frente a las transformaciones del mercado global.

Sabemos cuál es la triste realidad de la aplicación de recortes a la educación, utilización de la “motosierra” y demás atropellos en contra de una gran parte de sectores de la economía y de toda la sociedad, pero ha llegado el momento en el cual debemos defender la idea de que financiar una estrategia de esta magnitud no debe ser visto como un gasto asistencial, sino como la inversión pública con el mayor retorno social y fiscal a mediano plazo. Cada ciudadano alfabetizado tecnológicamente pasa de ser un receptor pasivo de subsidios o un cuentapropista que trabaja fuera de la Ley y pasa a convertirse en un ser integrado a un nodo activo de innovación, consumo y recaudación en la economía formal.

Si Argentina aspira a romper el ciclo de crisis recurrentes y y quiere consolidar un modelo de crecimiento genuino, debe comprender que la inclusión digital ya no es una agenda de bienestar, sino de soberanía económica. Democratizar el conocimiento tecnológico es el único camino para asegurar que el futuro productivo del país nos integre a todos, y no solo a unos pocos.

Ahora bien, el paso inmediato posterior es diseñar el Programa de Alfabetización Tecnológica Integral y aunque ese es un tema que deberán desarrollar los especialistas, estoy convencido de que básicamente debería estar enfocado en los siguiente. A – Desarrollar habilidades tecnológico – digitales operativas y fundamentales, B – Desarrollar un pensamiento crítico y computacional y C – Recapacitacitar laboralmente, en forma continua a quienes integren el Programa.

Hay mucho por hacer. Lo más urgente es comenzar.

Hasta la próxima.

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