CÓNCLAVE NACIONAL POR LA POLÉMICA PAUSA DE HIDRATACIÓN

La Liga Profesional prepara para este viernes un menú que promete ser picante de entrada. El plato principal de la mesa chica será tratar si se adopta el cooling break o pausa de hidratación. Sí, esa misma modalidad que no deja de sumar imágenes de desconcierto y repudio en las tribunas durante el actual Mundial. Sin embargo, todo parece indicar que, pese a que será la primera sesión de debate interno, aterrizará en nuestras canchas a la brevedad. 

El fútbol argentino es una especie de ecosistema en relación al resto del planeta. Los antecedentes marcan que es reacio a las alteraciones de su ritmo tradicional. No obstante, ahora se enfrentará a un tema que promete dejar estela. 

Según pudo confirmar esxacá, la Liga Profesional de Fútbol (LPF) tiene agendado un cónclave inminente.Será para debatir su implementación de cara al próximo torneo. La Fifa, que busca estandarizar este protocolo en todas las ligas del mundo bajo la premisa de la salud, le tiró la pelota a los dirigentes locales, quienes deberán definir qué medida tomarán.

Lo cierto es que el fútbol argentino puede detenerse. ¿Por sed o por negocio? Lo cierto es que hasta ahora la pausa de hidratación divide las aguas en todos los futboleros del mundo.

La mecánica es conocida por quienes siguen la Copa del Mundo 2026. Al promediar los 22 minutos de cada tiempo, el árbitro detiene el cronómetro y durante 3 minutos, los jugadores se acercan a los bancos de suplentes para hidratarse y recibir breves indicaciones tácticas. Hasta ahí se puede considerar la pausa en beneficio para la salud.

Incluso, el argumento oficial (respaldado por organismos médicos y la propia Fifa) es la mitigación del estrés térmico y la prevención de la deshidratación aguda en atletas de alto rendimiento. En verano tener validez esta justificación. 

Sin embargo, el consenso médico choca frontalmente con la idiosincrasia del hincha argentino. La grieta es clara. La estrategia encubierta es el negocio del show. 

El discurso institucional se aferra a la salud. Pero el trasfondo económico es imposible de ignorar. Esos 180 segundos adicionales de interrupción por partido son, en realidad, una ventana de oro para la explotación comercial. Está sucediendo en el actual Mundial. A la vez, están matando parte de la historia del deporte más popular del planeta.

Está claro que en un contexto donde la pauta publicitaria busca espacios de visibilidad garantizada, la pausa de hidratación se erige en un gran bloque de recaudación extra asegurada.

En consecuencia ¿se busca proteger al jugador o engrosar la caja de la tesorería bajo un barniz de bienestar? Mientras tanto, el termómetro de la tribuna ya subió la temperatura de la reprobación.

La paciencia del hincha no es ilimitada, pese a que los dirigentes hacen lo que quieren. Sobre todo cuando obtienen resultados. Pero no hay que dejar de ver que en los abarrotados estadios de Estados Unidos ya siguen escuchando abucheos espontáneos cuando el pitazo interrumpe el vértigo del juego. La sensación generalizada en el público es clara. Esto no es básquet.

El fútbol se vive dentro y fuera de la cancha como un estado de tensión sostenida, que se rompería artificialmente con esta económica modalidad. La crítica que retumba es contundente: el miedo a que el deporte más pasional del mundo termine transformado en un producto diseñado para el consumo publicitario, restándole autenticidad al espectáculo deportivo. Al mejor estilo estadounidense, claro está, que de fútbol entiende poco y nada. Pero de negocios comprende a la perfección cómo sacarle jugo.

La Liga Profesional se prepara para abordar este tema puertas hacia adentro. Aunque los indicios son sólidos: la adopción de este formato parece ser una cuestión de tiempo más que de voluntad. 

Con la Fifa instando a la globalización de sus políticas, el fútbol argentino se encamina a una transformación que promete encender la polémica en cada fecha.

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