El partido político comenzó a jugarse en la cancha de los gobernadores. Son ellos los que empezaron a mostrar su potencial a la hora de medir fuerzas. Saben que la ventaja se consigue en función de las debilidades ajenas, y la mayoría de ellos entienden a la perfección los momentos del toma y daca.
Los gobernadores si algo conocen es el manejo de los tiempos políticos, más cuando las necesidades electorales se convierten en urgencias, porque en ese terreno se cobran las deudas que al principio no eran reconocidas, ni siquiera escuchadas. Es que el fervor inicial de cualquier gestión nacional queda envuelta en ese halo de vanidad que la hace creer infranqueable.
Claro que los mandatarios provinciales no solo hacen sentir su valor estratégico al gobierno central, también lo revitalizan en las cuestiones partidarias, más en internas beligerantes.
En este marco preelectoral el gobierno libertario arrancó un camino de flexibilización a su cerrada defensa programática. No hay mejor antídoto para los fundamentalismos que la pérdida de consenso, y en la Argentina es lo primero que se evapora cuando la economía golpea con crudeza los bolsillos de la gente.
No es casualidad que las negociaciones con las provincias del norte y del sur por las cuestiones energéticas (calor y frío) hayan avanzado en los últimos días hacia un acuerdo.
Tampoco es azaroso el diálogo más fluido entre funcionarios nacionales y provinciales en pos de solucionar aspectos que hasta ahora eran inimaginables por la radicalizada postura mileísta.
Algunos hasta proyectan hipotéticos acuerdos electorales. “Ellos no jugarían acá y nosotros tampoco allá”, dijo un conocido artesano de la rosca.
Todos saben en política que a la hora de los consensos, los senadores nacionales son los jugadores más efectivos cuando un gobernador articula poder, como así varios diputados.
Pero en paralelo los gobernadores también marcaron la cancha dentro de sus partidos o frentes políticos, no es casualidad que muchos de ellos ya están jugando fuerte en la interna.
Esto se visualiza con mayor claridad en el peronismo, porque por ser la mayor fuerza opositora necesita ser una alternativa, la que hoy no está porque por ahora parece imposible una unidad entre tantas divergencias.
Y los gobernadores peronistas también forman parte de esa división, es por eso que cada cual atiende su juego.
Los comicios están asomando en el horizonte y la única certeza es la incertidumbre. Porque hay una sociedad estresada por la economía. Escéptica por los políticos. Y desinteresada por las elecciones.
Partido difícil para aquellos que buscan ganar. En el que los gobernadores se convirtieron en jugadores desequilibrantes. Tanto para sus intereses partidarios como para con el gobierno nacional.
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