La reciente edición del Balón de Oro devolvió a Harry Kane al centro de la escena mundial. Y vaya forma de hacerlo. El goleador aplastó la etiqueta que lo catalogaba en el ambiente de “mufa”. ¿Y ahora qué dirán esos supuestos expertos futbolísticos que lo tildaron durante más de una década de perdedor? El artillero de Bayern Munich y selección inglesa quedó inmortalizado en la selecta galería de los mejores del planeta. También seguirá brillando con luz propia, pese a que muchos intentaron eclipsar en su momento.
Pensar que ese niño que Arsenal rechazó por considerarlo “demasiado mediocre” para ser futbolista se convirtió en rey. Para llegar al trono tuvo que lidiar bastante. Su historia de resiliencia deportiva así lo avala. Tuvo que transitar por un camino lleno de baches. Los Gunners fue el primer portazo que recibió.
Harry no bajó los brazos. Siguió alimentando el sueño con tenacidad. Fue a Tottenham y parecía que todo sería desde entonces color de rosa. No fue así. Antes de romperla en los Spurs debió recorrer las categorías menores mediante préstamos a Leyton Orient, Millwall, Norwich City y Leicester City.
Parecía que Kane no era una de esas grandes promesas destinadas a triunfar. Así y todo trabajó y pudo capitalizar cada oportunidad a fuerza de goles y perseverancia. Aunque su explosión definitiva llegó cuando nadie lo imaginaba.
En Tottenham se convirtió en uno de los delanteros más temibles de Europa. No paraba de hacer goles. Ganó tres veces la Bota de Oro de la Premier League y terminó su etapa en Londres con 280 tantos.
Sin embargo, había algo que sus notables registros personales no podían compensar: las vitrinas seguían vacías. No obstante, la final de la Champions League 2019 perdida contra Liverpool fue uno de los golpes más dolorosos. Y ahí se potenció un mote que ya se venía escuchando en el ambiente: “mufa”.
Incluso, dos años después, los Spurs volvieron a quedarse con las manos vacías al perder la corona de la Copa de la Liga frente a Manchester City. Las críticas se potenciaron y hasta los propios hinchas lo tildaban de “gran perdedor”.
Para colmo, con Inglaterra tampoco encontraba consuelo. Kane perdió las finales de las Eurocopas de 2020 y 2024. “Es mufa”, decía todo futbolero. Nadie podía dudar que Harry Kane era un goleador implacable. Pero también un jugador incapaz de salir campeón. En tiempos donde las redes sociales son caldos de cultivos nocivos comenzaron a potenciarlo y llamarlo directamente como “el gran mufa”.
Después de estar viviendo un calvario, decidió armar las valijas y mudarse a Alemania para sumarse a Bayern Múnich que pagó casi 100 millones de euros por sus servicios. En su primer año, el club no ganó nada. La narrativa de la “mufa” parecía estar más viva que nunca. Los críticos no perdían la oportunidad de sacudir el dedo y burlarse de Harry.
La historia cambió en 2025. El elenco bávaro recuperó el campeonato alemán y Kane, después de más de una década como profesional, pudo levantar finalmente su primer gran trofeo. Tenía 31 años. La sequía había terminado.
Lo que llegó después fue una consagración extraordinaria. En la temporada 2025-2026, marcó 73 goles en 65 partidos entre Bayern Múnich e Inglaterra. Ganó la Bundesliga, la Copa de Alemania y la Supercopa alemana. Además, anotó 14 tantos en la Champions League y lideró a su selección hasta el tercer lugar del Mundial de 2026. Un animal del gol.
Su eficaz y letal rendimiento terminó siendo irresistible para los votantes del Balón de Oro. Kane superó a Kylian Mbappé y a Lamine Yamal. Aunque lo saliente es que sigue brillando como un rubí porque nunca claudicó ante la adversidad. ¿Y el mote de mufa? Se diluyó como hielo al sol en las propias manos de los detractores.
