TRADUCIENDO CARRY TRADE

El carry trade es una estrategia financiera sencilla de entender: consiste en colocar pesos en una inversión que genere una tasa de interés mayor que la suba esperada del dólar durante un determinado período.

Veamos un ejemplo.

Si hoy tenemos $1.500.000, equivalentes a unos USD 1.000, y los colocamos durante un año a una tasa del 20%, al finalizar tendremos $1.800.000. Si durante ese mismo período el dólar aumenta un 10% y pasa a valer $1.650, con esos $1.800.000 podremos comprar aproximadamente USD 1.090.

Es decir, sin producir un bien ni prestar un servicio, nuestra inversión financiera nos permitió terminar con más dólares que al comienzo, en este sencillo ejemplo un 9% anual en dólares, esto es, en términos simples, el carry trade. Hay estrategias que permiten obtener un 10% o 12% anual, tengamos como referencia que el hoy del tesoro de EEUU paga entre un 4 y 5% anual en dólares.

Una vieja historia argentina

La estrategia no es nueva. En la Argentina de los años 80 se hablaba de “bicicleta financiera”. Sus antecedentes se remontan a la liberalización del mercado de capitales, la apertura de las importaciones y la reforma del sistema financiero iniciadas en 1976.

Con el tiempo, las herramientas se fueron sofisticando. Hoy, por ejemplo, existe un instrumento como el dólar futuro, que permite cubrirse frente a una eventual variación del tipo de cambio y reducir todavía más el riesgo de la operación. Pero hay una cuestión más importante que preguntarnos cómo funciona esta estrategia: ¿qué incentivos estamos generando en nuestra economía?

Actualmente, un crédito bancario para pymes cuesta un 50% anual en pesos, los préstamos personales más aún. 

Porque si colocar dinero en una inversión financiera ofrece una rentabilidad mayor y con menor riesgo que invertir en una fábrica, comprar una máquina, contratar trabajadores o ampliar un emprendimiento, algo estamos haciendo mal.

No es razonable cuestionar a quien toma una decisión financiera buscando proteger sus ahorros o conseguir una rentabilidad. El problema está en quien fija las reglas de la política económica: el Estado. 

Cuando una tasa financiera resulta más atractiva que invertir en una fábrica, comprar una máquina, contratar trabajadores o ampliar la producción, el sistema está generando incentivos equivocados.

Cuando las tasas de interés se vuelven demasiado elevadas para quienes necesitan crédito, las empresas encuentran más dificultades para financiarse. Y los recursos que podrían destinarse a inversión productiva terminan buscando rentabilidad en instrumentos financieros.

Ahí está el verdadero desafío: no se trata de enfrentar las finanzas con la producción, sino de lograr que las finanzas estén al servicio de la economía real. El desarrollo necesita empresas que produzcan.

En este punto, las pequeñas y medianas empresas tienen un papel central.  Argentina necesita grandes inversiones y existen herramientas como el RIGI y super RIGI (emprendimientos superiores a 200 millones de dólares) para promoverlas. Pero el desarrollo no puede pensarse solamente a partir de los grandes proyectos.

Hay miles de empresas que ya están produciendo, invirtiendo, dando trabajo y agregando valor. Muchas de ellas necesitan algo tan básico como poder acceder al crédito y contar con condiciones que les permitan seguir funcionando.

Buscar un equilibrio

La Argentina necesita desarrollar y profundizar su mercado de capitales, promover la educación financiera y generar incentivos para canalizar el ahorro hacia la inversión.

Pero también necesita una política productiva de largo plazo que defina qué sectores estratégicos queremos desarrollar, cuáles necesitan protección y cómo vamos a integrarnos al mundo.

No se trata de elegir entre una economía cerrada o una apertura indiscriminada. Se trata de encontrar un equilibrio. Por ello, sostener a las pymes no es simplemente una política de asistencia. Es una política de desarrollo.

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