El 2026 marcará el rumbo de la política de Santa Fe

Lo viejo no se va y lo nuevo no llega. Si es que realmente hay algo nuevo o solo se trata de una reposición. Es por eso que las expectativas que aún persisten son más una cuestión de fe que un resultado analítico.
Los cambios de año tienen esa magia donde los deseos se hacen fuertes, por lo que la razón se toma un descanso de 48 horas. Hasta que la actividad la devuelve a esa realidad que sigue vigente año tras año. Con matices leves, como si se tratara todo del mismo autor.
Un producto elaborado con la matriz política de hace años. Así lo demuestra ese monólogo televisivo de Tato Bores, en blanco y negro, pero siempre vigente pese a los años.
En el mientras tanto, la casta vieja resiste y la restaurada avanza pugnando por mostrar un presente diferente. Que en la cotidianidad no es tan distinto.
La bonanza declamada no se registra donde se plasma el poder adquisitivo de la gente.
Por eso el 2025 dejó un cúmulo de deseos incumplidos, que ya fueron reeditados para el 2026.

Lo que viene

En este contexto comenzó un año determinante para los sectores políticos en pugna, donde la cancha de Santa Fe será uno de los escenarios en el que se jugará un partido clave.
La Libertad Avanza quiere gobernar la provincia y Rosario, pero eso dependerá exclusivamente de la suerte del presidente Milei, ya que hasta ahora los buenos resultados electorales obtenidos fueron más por la marca que por la labor de sus referentes provinciales.
Si bien para el círculo político el nombre de referencia es la diputada Romina Diez, la sociedad no tiene registro de ella, más aún porque hace un culto del perfil bajo.
Es por eso el recurso de apostar por un outsider conocido como el conductor televisivo Juan Pedro Aleart tuvo sus dividendos, aunque todo será efímero si la gestión nacional no empieza a cubrir las necesidades de la sociedad.
A esto está atado el sello en la provincia. Y también en Rosario, donde los concejales mileístas naufragan en la intrascendencia.
Claro que los libertarios encontraron en Santa Fe la debilidad de los contendientes.
El peronismo no logra salir de su laberinto, allí donde lo dejó Cristina Kirchner tras la paupérrima gestión de Alberto Fernández y Sergio Massa.
Como si la crisis partidaria a nivel nacional no fuera suficiente, en Santa Fe el aparato Justicialista le sumó nuevos actores al ya atiborrado y confuso escenario.
En vez de renovar con los dirigentes de su propia cantera, trajo jugadores de Ciudad Futura para así garantizar los cargos de la vieja guardia. Lo que finalmente logró, aunque haya sido derrotado y sin control de daños.
Esta estrategia fallida desde el punto de vista político dejó al peronismo con dos problemas a resolver: definir partidariamente un proyecto que primero contenga a todas sus partes para luego convertirse en una alternativa creíble para la gente. Una misión nada sencilla.
Provincias Unidas también tiene su propio jeroglífico. No obstante tiene en su gestión un aspecto ambivalente. Lo que puede ser su fortaleza también podría convertirse en su debilidad.
El gobierno provincial debe recalibrar su gestión. En la primera mitad del mandato impuso condiciones con la prepotencia de las decisiones, pero paralelamente fue generando anticuerpos no solo en los sectores públicos sino también en varios privados. Entre replanteos laborales, reformas, carga impositiva y ajustes tarifarios fue esmerilando el elevado respaldo inicial.
Si la lectura del pullarismo se ciñe a que el tercer lugar en los últimos dos comicios fue exclusivamente por la nacionalización de las elecciones, estará partiendo de un error para concluir en un error mayúsculo.
No obstante, la fortaleza de este sector gobernante está también en la gestión, porque es sabido que las decisiones políticas que satisfagan las demandas de la ciudadanía constituirán una nota de crédito. Dependerá de la concreción de esas obras y servicios el destino de las administraciones.
Las que deben ahorrar los errores no forzados, como los que vienen cometiendo al exponer al gobernador a situaciones increíbles, como la de un control de alcoholemia o una entrevista deportiva con el torso desnudo.
La sobreactuación o algunos intentos disruptivos indicados por aquellos que trabajan la comunicación o el marketing político, muchas veces concluyen en daños colaterales.
La política santafesina empieza la temporada 2026 con la obligación de mostrar resultados, con los que cada sector buscará clasificar para la definición gubernamental del 2027.
Cada corriente política sabe que la volatilidad electoral no ofrece garantías de ningún tipo. Por eso todos deben conquistar con hechos los votos de una masa crítica, la que ya no es cautiva de falsas promesas.

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