La canción, incluida en el álbum “Entre El Agua y El Fuego” (1982), se inspira en la separación de Julio Iglesias e Isabel Preysler.
Aunque muchos creen que trata sobre la hija de Perales, la canción relata el dolor de un hombre que ve a su exmujer rehacer su vida, enfocada en la situación de Iglesias.
La discográfica le pidió a Perales que escribiera una canción para Julio Iglesias, quien estaba pasando por su divorcio de Isabel Preysler. Querían algo que reflejara la sensación de perder a alguien ante otro, pero al convertirse el divorcio en un escándalo la empresa decidió no dársela a Iglesias y Perales terminó cantándola él mismo, convirtiéndose en un himno sobre un hombre que ve a su ex pareja rehacer su vida con otro, no sobre una hija.
“Era una gran canción y pensaron que sería un gran éxito, como así fue. Aunque no tenía nada que ver con la realidad, yo pensé que Julio la podía interpretar porque él siempre daba un toque de credibilidad a sus canciones, pero mi compañía me prohibió dársela. La verdad es que yo no la quería cantar, porque no tenía nada que ver conmigo”, contó Perales.
Julio Iglesias e Isabel Preysler protagonizaron uno de los romances más mediáticos de los años 70, casándose el 29 de enero de 1971, en Illescas, Toledo, España, cuando ella estaba embarazada. Tuvieron tres hijos: Chábeli, Julio José y Enrique. La pareja se divorció luego de siete años de convivencia en Julio de 1978, siendo Isabel quien solicitó la separación debido a las constantes infidelidades del cantante y sus prolongadas ausencias por giras. Fue una ruptura pionera en la prensa del corazón española, marcada por un acuerdo de divorcio que incluyó la repartición de propiedades y el mantenimiento de tres hijos. “El tema se convirtió en una especie de cruz para mí”, dijo José Luis.

