A pocas semanas de cerrar un año intenso para nuestra provincia y para nuestro país, siento la necesidad, como diputada provincial, como médica, como mujer santafesina y, sobre todo, como ciudadana que comparte las mismas preocupaciones y esperanzas, de acercarles un mensaje de reflexión y de deseo para estas fiestas. He dedicado gran parte de mi vida a la salud pública, primero desde la neonatología y después desde la responsabilidad de la gestión. Cada diciembre, cuando el calendario parece empujarnos a correr todavía un poco más, me gusta detenerme, mirar hacia atrás y preguntarme qué necesitamos realmente para iniciar un nuevo ciclo con más serenidad, más confianza y más humanidad.
Las fiestas de fin de año son un tiempo especial. No lo son por los rituales en sí mismos, ni por las luces y los adornos, sino porque nos permiten hacer algo que a veces olvidamos en medio de la vorágine cotidiana: encontrarnos. Cada familia tiene su propia historia, cada comunidad su propio modo de celebrar, y cada persona llega a este momento con un balance íntimo que nadie más puede hacer por ella. Pero hay algo que compartimos como sociedad, y es la necesidad de renovar el sentido de pertenencia, de reconocernos en el otro y de recordarnos que ninguna construcción colectiva es posible sin el lazo humano que nos vincula.
Hoy vivimos tiempos desafiantes. La Argentina atraviesa cambios profundos, que generan expectativas, pero también incertidumbre. En Santa Fe, como en tantos rincones del país, convivimos con realidades diversas: sectores que avanzan, otros que esperan respuestas, y muchos santafesinos y santafesinas que luchan día a día para sostener lo que han conseguido. Las fiestas suelen ser un espejo que refleja tanto nuestras alegrías como nuestras preocupaciones. Y por eso creo que es un buen momento para detenernos a pensar qué podemos hacer, desde el lugar que ocupa cada uno, para aportar calma, empatía y responsabilidad.
Cómo médica, aprendí que ninguna vida se sostiene en soledad. En neonatología, esa verdad era evidente: un bebé que llega al mundo depende de una red entera, su familia, los equipos de salud, las instituciones, para salir adelante. Esa experiencia me enseñó que la fragilidad no es un defecto: es parte de nuestra condición humana, y reconocerla nos hace más solidarios. En política, aunque los escenarios son distintos, el principio es el mismo. Una sociedad se fortalece cuando reconoce sus vulnerabilidades y trabaja colectivamente para superarlas.
Este año, especialmente, quiero invitar a toda la comunidad santafesina a recuperar ese espíritu de cuidado mutuo que tantas veces nos permitió atravesar momentos difíciles. La violencia, la crisis económica, la incertidumbre y el cansancio social no se resuelven de un día para el otro. Pero sí pueden enfrentarse mejor cuando el tejido social está firme, cuando apostamos a la convivencia pacífica y cuando tenemos claro que nadie es nuestro enemigo por pensar distinto. En estas fiestas, volver a mirarnos con respeto es un gesto tan sencillo como poderoso.
Las mesas de fin de año no siempre son perfectas. A veces falta alguien que extrañamos; a veces el bolsillo no alcanza para todo lo que quisiéramos; a veces las discusiones cotidianas amenazan con opacar el encuentro. Pero también es cierto que esos momentos nos dan la oportunidad de elegir: elegir escuchar, elegir perdonar, elegir agradecer, elegir respirar hondo antes de contestar, elegir brindar, aunque el año haya sido duro. Elegir, en definitiva, poner por delante lo que de verdad importa.
En estos días, muchas veces hablamos de paz y de salud como deseos casi rituales. Pero creo que vale la pena pensarlos con más profundidad. La paz no es solo la ausencia de conflictos: es una construcción diaria que empieza en la casa, sigue en la comunidad y se proyecta en la sociedad toda. Significa reconocer que necesitamos más diálogo y menos confrontación. Y la salud no es solamente un estado físico. Es bienestar emocional, mental, afectivo. Es saber que podemos contar con otros. Es conectarnos con aquello que nos hace bien. Es cuidar y dejarnos cuidar.
También pienso en quienes atraviesan estas fechas con dolor. Para muchas familias, el fin de año puede ser un tiempo difícil: por una pérdida reciente, por una enfermedad, por una crisis personal, por la soledad o por las dificultades económicas. A ellos quiero dedicarles un mensaje especial: no están solos. Las comunidades, las instituciones, el Estado y las organizaciones sociales trabajamos para acompañar, pero también es importante que cada uno de nosotros, desde nuestro rol, tenga un gesto de cercanía con quienes más lo necesitan. A veces un llamado, una visita o una silla más en la mesa puede transformar el día de alguien.
A la vez, quiero destacar la fuerza que tiene nuestra provincia. Santa Fe siempre mostró una enorme capacidad de levantarse, de innovar, de producir, de crear, de abrazar la diversidad. Somos una provincia de trabajo, de cultura, de ciencia, de solidaridad, de educación pública. Somos una provincia forjada por múltiples generaciones que entendieron que el desarrollo no se improvisa: se construye con esfuerzo, con inteligencia colectiva y con políticas públicas que miran hacia adelante. Y quiero que ese orgullo también esté presente en
estas fiestas, porque nos recuerda que tenemos un futuro posible si lo defendemos entre todos.
Sé que muchas personas sienten cansancio. El año fue largo, intenso y complejo. Por eso, quiero invitarlos a tomarse un momento para reconocer también lo logrado. Cada paso, por pequeño que sea, cuenta. Cada meta alcanzada, cada obstáculo sorteado, cada vínculo protegido es parte del camino. No dejemos que la vorágine nos haga olvidar nuestra propia capacidad de resiliencia.
En estas fiestas, los invito a que volvamos a los valores que sostienen nuestra vida en común: la solidaridad, el respeto, la empatía, la convivencia pacífica, la responsabilidad y el compromiso con nuestro futuro. Esos valores no son abstractos. Se expresan en gestos concretos: en cómo hablamos, en cómo escuchamos, en cómo resolvemos nuestras diferencias, en cómo cuidamos a nuestros hijos y a nuestros adultos mayores, en cómo tratamos a nuestros vecinos, en cómo participamos de la vida pública.
Que este fin de año sea una oportunidad para reencontrarnos con lo esencial. Y que el 2026 nos encuentre unidos, con esperanza, con proyectos, con fuerzas renovadas y con la convicción de que podemos construir una Santa Fe más justa, más saludable y más humana.
Les deseo de corazón unas fiestas en paz, en familia y con la alegría de saber que, aun en los tiempos difíciles, siempre podemos volver a empezar.
