Un naufragio anunciado

El ciclo de Orsi-Gómez llegó a su fin y dejó a Newell’s a la deriva

Se veía venir. El ciclo de Favio Orsi y Sergio Gómez naufragó rápido. Lo delicado es que dejó a Newell’s a la deriva. La derrota 3 a 0 ante Banfield no fue un porrazo más. Fue una especie de humillación futbolística. Un equipo sin plan. La Lepra quedó deshilachada en una semana especial. Este miércoles recibirá a Estudiantes y cuatro días después deberá afrontar en el Coloso el clásico, con toda la pesada mochila que representa el derby rosarino para la comunidad rojinegra.

Lo de Newell’s sigue siendo tétrico. No es un mal momento. Tampoco es una racha adversa que floreció este verano. El problema sin solución a la vista data de vieja data. Es una crisis que se profundiza cada vez más.

La contratación de Favio Orsi y Sergio Gómez fue un error desde el inicio. La resultante es clara: terminó como suelen terminar los proyectos sin sustento: mal. También muy rápido como además dejando más preguntas que respuestas en todo el universo leproso.

No es temerario sostener que el experimento de esta dupla técnica fue un fiasco. Atrás quedaron los discursos. La dirigencia es nuevita y ya tiene su primer cachetazo. Debe reaccionar rápido y de manera sólida para no volver a caer en desgracia.

Ya no sirve recordar que cuando asumió Nacho Boero se habló de procesos firmes y una identidad en construcción. La realidad marca que Newell’s jamás fue un equipo. Nunca se mostró sólido atrás, ni confiable en el mediocampo. Mucho menos peligroso en materia ofensiva. Era inevitable este fin de ciclo para los dos entrenadores que no terminaron de llegarle al plantel.

Hay que destacar además que haber echado a la dupla para bajar la espuma de la bronca de los hinchas tampoco solucionará el problema de fondo a la inmediatez.

Las decisiones dirigenciales erráticas y el rearmado del plantel como se pudo generó este presente en Newell’s. No es algo casual que la Lepra sea una máquina de perder credibilidad. Tampoco que siga en la lona desde de deportivo. No por una nueva derrota acumulada en este torneo, sino por una suma de malas decisiones.

El Taladro perforó la esperanza rojinegra con simpleza y expuso todas las falencias de un equipo sin identidad. La baja de los entrenadores fue la consecuencia de un proceso agotado y dejó al descubierto un problema estructural más profundo, que excede incluso al banco de suplentes.

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