La dupla técnica Orsi-Gómez ratifica no poder encontrarle la mano ni darle el rumbo que necesita el equipo
Newell’s no puede despegarse de uno de sus capítulos más oscuro en años. Cambió la dirigencia y cuerpo técnico. Pero sigue haciendo todo mal desde lo deportivo. La dupla técnica conformada por Favio Orsi y Sergio Gómez, en lugar de ofrecer un plan de recuperación, están sumergiendo al equipo en una crisis profunda. El presente es traumático y no deja margen para el optimismo. Mientras que el futuro que se vislumbra cada vez menos esperanzador. O los entrenadores cambian, o los cambiarán en breve.
Los resultados son tan pobres que reflejan la falta de una receta para encontrar soluciones. En cuatro partidos apenas sumó un mísero punto, que a hasta altura se puede certificar que llegó de casualidad ante Independiente en el Coloso.
La situación leprosa no solo es preocupante. También evidencia la falta de ideas, de identidad propia y de capacidad para revertir una realidad que, en términos deportivos, es catastrófica. Es un dolor de ojos verlo en cancha.
Por algo marcha último en la zona A, y en la comparación con otros clubes del fútbol argentino, se posiciona entre los peores en rendimiento y juego. Se convirtió rápido en uno de los equipos más endebles y que menos expectativas genera al hincha en este torneo.
El próximo lunes 16 tiene una nueva cita con el destino. Será un encuentro que ya se presenta como una especie de «salvavidas» para evitar una derrota que profundice la crisis. Enfrentará a Deportivo Riestra, que también atraviesa por una etapa muy difícil y raquítica.
La necesidad imperiosa de conseguir una victoria, por más que sea en rodeo ajeno el partido, no solo responde a la obligación inmediata. También a la supervivencia emocional de un plantel rojinegro y una dirigencia que no encuentran respuestas y están en el ojo de la tormenta pasional.
Lo más preocupante de todo esto es la evidente falta de evolución en el juego, sea individual como colectivo, y en la actitud del equipo. Cada partido parece un déjà vu, con errores recurrentes, desconcentraciones y una incapacidad para generar peligro o al menos mantener cierta resistencia cuando lo atacan.
La dupla Orsi-Gómez, que parecía tener un plan debajo del brazo, ya agotó la paciencia de la hinchada. Sus créditos se están consumiendo. La confianza, también.
El fútbol argentino parece estar asistiendo a un proceso de descomposición en este Newell’s, que no arranca ni amaga en hacerlo. La credibilidad de un proyecto institucional se desgasta a pasos agigantados.
La dirigencia, por su parte, también debe reflexionar sobre el camino a seguir. De seguir así desde lo futbolístico, el club podría estar condenado a convertirse en un capítulo más de su larga lista de fracasos recientes.
